Últimas noticias Hemeroteca

Viernes, 19 de Julio de 2019

Otras localidades

“Acho no, lo siguiente...”

El catedrático de Literatura de la UMU, Pepe Belmonte, nos invita a echar mano de imaginación y gramática y no destrozar el diccionario con expresiones sin sentido, "que para eso contamos con un idioma rico, variado y generoso"

Del “va a ser que no” a “lo siguiente”

Decía Ferdinand de Saussure, aquel lingüista ginebrino que estudiamos como el padre nuestro en el COU de entonces, que la lengua es un organismo vivo, algo que se nos escapa de nuestras manos y campa a sus anchas. Y qué razón tenía.

Hay expresiones que vienen y se van sin que nunca sepamos con certeza las razones de una u otra cosa. Sin que sepamos quién impone la moda, quién decide erradicarla y que haga mutis por el foro de la noche a la mañana.

Hace unos años se puso de moda el empleo de la expresión “Va a ser que no”, que, por activa o por pasiva, en cualquier contexto, escuchábamos en la calle, en las reuniones de amigos, en los consejos de administración o en las aulas de la universidad. En todas partes, como si uno no pudiera manifestar un mínimo pensamiento sin recurrir a la estúpida coletilla: “Va a ser que no”.

Pepe Belmonte, catedrático de Literatura de la UMU. / Cadena SER

La expresión, por lo que a mí me parece, ha dejado de usarse, al menos de esa manera tan brutal y reincidente, pero ha sido sustituida por otra que ahora aparece por todas partes: “Lo siguiente”, sin que sepamos con certeza qué es lo siguiente, a qué se refiere el hablante cuando emplea el término “lo siguiente”. Una cosa ya no es mala ni buena, sino lo siguiente. ¿Tan mal estamos a la hora de tirar de imaginación y gramática como para no echar mano de otros adjetivos, de otros sinónimos y ahorrarnos lo siguiente?

Los adultos, los papás y mamás, les reprochamos a nuestros retoños que empleen con tanta frivolidad como frecuencia, al menos aquí en Murcia, la palabra “acho”, que, cuando no viene a cuento, suena fatal. Acho, que al parecer es la abreviación de “muchacho”, sale hasta en la sopa, hasta el punto de haber puesto ese nombre como marca de unas patatas fritas, que ya es tener valor.

Ellos, los más jóvenes, emplean “acho”, y nosotros, que no les vamos a la zaga y caemos en los mismos errores, “lo siguiente”. Un cúmulo de despropósitos para quienes disponemos de un idioma tan rico, variado y generoso que, visto lo visto, no nos merecemos.

Pepe Belmonte

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?