Lunes, 27 de Septiembre de 2021

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EL BLOG DE LISARDO

Las mareas celestes

Me gustaría hablar un poco sobre este fenómeno y recordar algunas de las más simbólicas que yo he disfrutado

La marea celeste nunca dejó solo al Breo. Recuerdo el apoyo incondicional en A Coruña en la temporada 2014-2015 / Lisardo Gómez

La semana pasada vivimos la enésima marea celeste, una marea celeste que no deja de sorprendernos y que no deja de crecer durante estos 50 años de historia del CB Breogán. Me gustaría hablar un poco sobre este fenómeno y recordar algunas de las que yo he disfrutado. Como aficionado viví unas cuantas mareas, pero recuerdo especialmente tres.

En la primera tenía 13 años: fue la marea por excelencia, la marea 'Oximesa', en el año 1.987. Tras unos incidentes sucedidos en el mítico Pabellón Municipal, el equipo se vio obligado a jugar unos playoffs lejos de su casa y la afición, como siempre respondió, y vaya si respondió. Siempre guardaré en la memoria aquella cola interminable de autobuses rumbo A Coruña llena de aficionados que no querían dejar sólo a su equipo.

Otras dos mareas que guardo en el recuerdo son tristemente dos en las que el equipo descendió, pero las guardo en el recuerdo porque todos los que nos desplazamos a Girona en 1.995 y a Valladolid en el 2.006 sabíamos de antemano que el resultado no sería favorable y aún así no quisimos dejar sólo a nuestro equipo.

En el año 2.012 cuando me hice cargo del equipo como entrenador, tenía la percepción de que el equipo estaba, desde hacía unos años, separado y aislado de la afición y de la ciudad. Además de mis tareas como técnico, me propuse acercar al equipo a su afición.

Consensuado con Marcos y Javi Gómez, trazamos una línea a seguir en la cual el equipo fuera más cercano a los aficionados e intentáramos llenar unas gradas del Pazo que en los últimos años estaban semi-vacias. Sacamos el equipo a la calle, recuerdo infinidad de visitas a colegios e incluso y en vísperas de un playoff, sacamos a los jugadores a jugar con los aficionados en las plazas más carismáticas de la ciudad con una canasta y varios balones.

Convencí a los jugadores de que además de entrenar y jugar duro, conseguir una unión con la afición era clave en el éxito del equipo. Teníamos que ser más cercanos, vivir con ellos tanto las alegrías de las victorias como la tristeza de las derrotas, quedarnos a firmar autógrafos, hacer fotos e incluso jugar con los más pequeños tras los entrenamientos, ya que esa sería la semilla de los futuros aficionados. Tuve la suerte de contar casi todos los años con unos jugadores fantásticos que se volcaron en esa tarea y que además disfrutaban y hacían disfrutar haciéndolo.

Los jugadores del Breo en un partido en Ourense con la afición / Lisardo Gómez

Todo el mundo recuerda los desplazamientos masivos de aficionados durante estos años, pero para mí, también son mareas aquellos desplazamientos de un menor número de aficionados a ciudades más lejanas para apoyar a su equipo.

Recuerdo especialmente dos de esas mini mareas: una en Burgos. El equipo venía de una racha de tres derrotas seguidas y un grupo de aficionados vino a apoyarnos. Hasta ahí todo normal, si no fuera porque uno de esos aficionados se desplazó desde Irlanda únicamente para apoyar a su equipo en un momento difícil. Ese partido también lo recuerdo por el sentido abrazo en zona vestuarios del director general tras arrojar las muletas al suelo y tras una gran victoria.

La otra que guardo en el recuerdo fue en Huesca: en un día complicado para viajar, tuvimos el apoyo de tres incondiocionales que no pararon de animar en todo el partido tras un largo y duro viaje.

La temporada 2.014/2015 la considero la temporada de las mareas. El equipo en mayor o menor medida, recibió el apoyo de sus aficionados en Burgos, Ourense, Valladolid, Navarra, Palencia (liga y copa), Coruña, Oviedo, Huesca, Logroño e incluso en Palma, para mi sorpresa, tuvimos apoyo.

Ese año tuvimos incluso una marea de tres días durante durante los playoffs de semifinales con Valladolid y recibimos durante todo el fin de semana el apoyo y calor de la afición tanto en la calle como en la cancha pucelana.

Y memorable fue la marea de la final en Ourense en la que guardo en mi memoria aquellas colas a las puertas del Pazo para adquirir las entradas.

Durante estos años además de los recuerdos deportivos y la experiencia de dirigir al equipo de mi vida, me quedo con todas esas vivencias junto a los aficionados que tanto apoyo y cariño non han dado y gracias a las cuales he conocido a grandes amigos. Sólo espero y deseo que esa unión equipo/afición que se consiguió durante los últimos años siga creciendo y que entre todos consigamos hacer el Breogán aún más grande. Estoy seguro de que así será.

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