El hombre con su perro
El comentario de Juan Francisco Rojo

Palencia
Los periodistas nos perdemos a veces con lo que consideramos grandes temas. Centramos nuestros comentarios y crónicas en hechos y acontecimientos que consideramos relevantes y que, al final, provocan escaso interés en los receptores de la información o de la opinión.
Hoy quiero focalizar mi atención en un hecho insignificante, en un hombre y su perro, compañeros inseparables que cada día recorren la ciudad con la camaradería propia del cariño mutuo. En el barrio de San Antonio suelo ver a un hombre entrado en años, ataviado con un sombrero que todos los días pasea por la zona con su perrillo, un yorkshire que, sin necesidad de correa, nunca se aparta de su amo. Hace unas semanas presencié un acto, un pequeño gesto, que me pareció enternecedor y que es difícil de entender por aquellos que no aman a los animales. Cuando el hombre se disponía a cruzar por un paso de peatones de la avenida de Asturias, aupó a su diminuto compañero de paseo en brazos para evitar atropellos o algún tipo de percance con los coches.
Me llamó la atención el cariño con el que el viejo, permítanme utilizar esta palabra que solemos considerar despreciativa y no lo es, acariciaba a su perrillo mientras cruzaba. Al llegar a la otra acera, el hombre dejó al perro en el suelo y el animal, continuó a su lado, casi pegado, sin quitar la mirada en el deambular de ese humano que con tanto cariño le trata. Al ver esa escena cotidiana, ese retazo de poesía en la prosa de una urbe deshumanizada, me sentí reconciliado con el ser humano. Viendo lo que les acabo de contar, me cuesta cada vez más entender a esos hijos de mala madre que maltratan a los animales o que les dejan abandonados porque su compra fue objeto de un capricho navideño de algún niño malcriado al que nunca se le inculcó el concepto de responsabilidad.
Aprovecho ya que viene la Navidad para apelar a esa responsabilidad si tienen pensado adquirir o regalar alguna mascota. Los animales son unos integrantes más de la familia. Y sólo los que tienen alguno en casa saben de lo que hablo.
Me puedo imaginar esta Navidad al viejo en su mesa con su familia y muy cerca, pegado a sus pies, como cada día, ese pequeño yorkshire que puede que sea su amigo más noble. Esperando que caiga algún trozo de comida de la mesa para relamerse. Sólo pensar que algunos malnacidos carecen de sensibilidad con animales como ese perrillo, que son capaces de abandonarlos o de maltratarlos, me revuelve el estómago. Lo dicho, ojo a la hora de regalar animales en Navidad. Non son objetos.

Juan Francisco Rojo
(Palencia 1966) Comenzó su andadura periodística en Radio Palencia de la Cadena SER el 1 de octubre...




