Jueves, 05 de Agosto de 2021

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Eloy Soler Gómez

‘La historia de un sueño’

Se llama Ktami y dice que soy su amigo. La primera vez que recuerdo haberlo visto, fue una noche de invierno a la salida de mi despacho camino de casa

Firma Eloy Soler, "La historia de un sueño"

Se llama Ktami y dice que soy su amigo.

La primera vez que recuerdo haberlo visto, fue una noche de invierno a la salida de mi despacho camino de casa. Una señora mayor me hizo un gesto para que me acercara, así lo hice, me dijo en voz baja que quería sacar dinero, pero que en el cajero había un hombre de color y que le daba miedo entrar sola, miré en el interior del mismo y allí junto a un atillo de cartones y una raída manta roja, estaba él preparando el lugar para pasar lo mejor posible la fría noche que le quedaba por delante.

Le comenté a la señora que quizás este joven tendría seguramente más preocupaciones en su cabeza que el intentar hacerle algo, pero no obstante yo la acompañaría a realizar sus operaciones. Lo primero que hizo este chico fue abrirnos la puerta de la que a esas horas era su morada y nos dio las buenas noches, yo le devolví el saludo pero la señora lo ignoró por completo, realizó sus gestiones, salimos me despedí del chaval y de la mujer mayor, que visto su talante entenderán se marchó sin darme las gracias.

La noche siguiente al pasar por delante del cajero allí dentro del mismo estaba él, y con una amplia sonrisa y un movimiento de su mano me saludó, lo paradójico de la situación era ver como la entidad bancaria propietaria de aquel cajero que le servía de improvisado refugio ante las inclemencias del tiempo, era la misma contra la que un mes antes tuve un pleito, donde no se dudó en pedir el desalojo de unos padres y sus dos hijos por el impago de los recibos de la hipoteca, no queriendo si quiera negociar un alquiler social para así evitar dejar en la calle a una familia.

Con el paso de los días y alguna que otra charla puede conocer más de este mi nuevo vecino, originario de Guinea Conakry había nacido en un poblado cerca de la capital, tenia 25 años y era el mayor de 6 hermanos, hasta que falleció su padre, estuvo estudiando ingeniería, pero tuvo que abandonar los estudios para hacerse cargo de sus hermanos. Animado por unos amigos y en busca de un futuro mejor para su familia y para él, decidió dar el salto a Europa, para ello según me contó tras un viaje de varios meses en el que recorrió tres países, llegó a Marruecos y desde sus costas, soñó como en aquellas luces que tanto brillaban frente a él en el horizonte, encontraría el cobijo que añoraba desde que se despidió de su madre y de sus hermanos prometiéndoles un vida mejor.

Tras realizar distintos trabajos, pudo pagarse una plaza en una destartalada patera que lo llevaría a España, así a la luz de la luna llena inició una travesía por el estrecho que por la expresión de su cara y el nerviosismo en su relato me indicaban que aun permanecía en su mente ese temor y desasosiego de caer al agua para alguien que no sabe nadar.

La embarcación según me dijo comenzó a inundarse y por mucho que la intentaran achicar con recipientes vacíos, la vía de agua iba a más, cundió el pánico y las plegarias hacia un cielo estrellado se hacían cada vez más audibles, pudieron contactar telefónicamente con emergencias y finalmente fueron rescatados por una embarcación de Salvamento Marítimo, quien los llevó al Puerto de Tarifa.

Tras las formalidades policiales lo dejaron libre en una ciudad que no conocía, con tan sólo un paquete de 6 galletas y un zumo. Le dijeron que cerca del puerto sería más fácil buscarse la vida, y así es como llegó a ser mi vecino, su rutina es siempre la misma, ayuda a montar y desmontar los puestos del mercado de abastos y con ello consigue algún dinero o alguna fruta para subsistir.

También me comentó que tenía familia en Madrid y que era su intención reunirse con ellos, lamentaba que aún no había podido ponerse en contacto con su madre para tranquilizarla y decirle que todo había salido bien. Yo me ofrecí para ayudarle en lo que estuviera en mi mano, sin querer hice un pedante alegato de cual era mi profesión, a lo que él me respondió que ya hacía tiempo que yo era su amigo y que lo sabía, imaginé que era porque me veía salir todas las noches del despacho, y así se lo dije, pero no era ese el motivo, sacó una hoja de papel varias veces doblada y al desplegarla puede ver como ésta tenía el membrete de la Policía Nacional y era la resolución de acuerdo de devolución, pero señalándome al pie de dicha resolución pude ver junto a su firma la mía.

Todo aquel tiempo había estado tratando con alguien al que había asistido, yo para él era su amigo, él para mi fue rutina.

Un saludo, me despido, y ahora puedo decir que soy yo quien es amigo de Ktami.

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