El turismo es un gran invento
La Firma de Doroteo González

"El turismo es un gran invento", la Firma de Doroteo González
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Palencia
Dice nuestro alcalde Alfonso Polanco que, a tenor de que la fábrica Renault en Villamuriel es una planta puntera automovilística, muchas personas de todo el mundo querrán venir a conocer Palencia. Siguiendo el símil es muy posible que varios de ustedes estén considerando ir de vacaciones al Silicon Valley en California ya que allí se alojan muchas de las mayores corporaciones tecnológicas, o a China por ser el principal productor mundial de acero y no por otras cosas que casen más con un destino turístico.
En fin, voy a tratar de hablarles con cordura, pero es que argumentos tan poco atinados se convierten en un socorrido pero incongruente refuerzo que busca algún argumento cazado al vuelo para inferir que por eso Palencia es un ansiado destino turístico. Que conste que no dudo de los variados atractivos y esplendores que nuestra provincia puede ofrecer a cuantos visitantes gusten venir, pero este enconado apelotonamiento de cosas, de cosas tan a menudo heterogéneas y distantes, creo que no ayuda a un adecuado posicionamiento al que la Marca Palencia debe aspirar como atractivo turístico.
Cualquier persona que haya ojeado la prensa durante la pasada semana deducirá que la presencia de Palencia en Fitur –y quizás en otros muchos stands- es, sobre todo, un gran escaparate para los políticos. Sin embargo, los verdaderos recursos turísticos son el patrimonio histórico-artístico, los espacios naturales de la montaña palentina, las fiestas locales o sus arraigos, pero no las autoridades que se hacen omnipresentes chupando cámara a cualquier hora del día.
Así que permítanme que utilice el título de aquella afamada película de Paco Martínez Soria y lo convierta en un gran eslogan: “El Turismo es un Gran Invento”. Un gran invento no sólo como motor económico sino como sutileza política para políticos locales y regionales. El problema de este exceso de personalismo institucional es que propaga un triunfalismo que genera una autocomplacencia totalmente estéril, cuando explotar hoy las oportunidades que puedan darse en este sector requiere de ordenación, normalización y planificación para hacer sostenible el turismo y hacerlo de modo compatible con la vida de los residentes.
Viajar a un lugar determinado es sumergirse por un tiempo en las tradiciones y la vida del mismo. El turista del siglo XXI es un turista global e hiperconectado, sí, pero busca experiencias muy particulares. Allá donde viaja quiere sentirse como un ciudadano más, aunque sea un ciudadano temporal. Cuando camina por la calle busca la mirada de cualquier lugareño o explora referentes, lejos de pretender encontrarlos en efigies fotografiadas de los políticos locales.




