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Más de 3.000 personas en la concentración "Por tu seguridad, por la de todos"

La plaza de la Iglesia escenario de esta protesta ciudadana en La Línea

La Línea dijo basta en la Plaza de la Iglesia en una multitudinaria concentración /

El día había amanecido lluvioso, pero nadie pensaba en que se suspendiese la concentración que se había previsto para las siete de la tarde en la Plaza de la Iglesia de La Línea, donde los ciudadanos se reunirían para decir basta ya a esta lacra que corroe las mismas entrañas del Campo de Gibraltar y que se ceba especialmente en la ciudad de La Línea. Hoy, en La Línea, todos han gritado juntos "drogas no, trabajo sí".

Esta mañana han pasado por el programa Hoy por Hoy Campo de Gibraltar Francisco Mena, el presidente de la Federación de Coordinadoras contra la droga que enfatizaba su discurso "creo que tenemos la oportunidad de decir basta ya y exigir a las diferentes administraciones lo que necesita este rincón del Campo de Gibraltar. El narcotráfico no se circunscribe exclusicvamente a La Línea y sería un error pretender abordarlo desde la óptica del municipio linense, pues eso sólo conllevaría que se desplazaran (los narcos) a otros puntos del Campo de Gibraltar o de la provincia de Cádiz".

El alcalde de La Línea, Juan Franco, era calro, esta concentración significa "reconocer que tenemos un fracaso social. Hay sectores de la poblacuión que la forma que tienen de ganarse la vida es con el narcotráfico, el narcotráfico está capilarizandio distintas capas sociales, distintas barriadas y ahora mismo tenemos un problema enorme".

El delegado del gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, atendía nuestra llamada "estamos ante una situación que requiere de los esfuerzos de todas las administraciones y de una contundente respuesta del Estado de Derecho frente al tráfico de drogas y el contrabando de tabaco. Eso conlleva la desarticulación de organizaciones criminales al completo y haber incautado en el último año casi 150 toneladas de hashis y 500 detenidos". Pero Antonio Sanz añadía que no es solo una cuestión de seguridad "la respuesta tiene que venir también de la mano del apoyo integral y las soluciones globales que tenemos que dar a una problemática social, educativa, de vivienda y de empleo".

Por último Javier Morales, secretario local del Sindicato Unificado de la Policía reclamaba "la escasez de agentes en la comisaría de La Línea, queremos que se aumente la plantilla y la instalación de una UPR, Unidad de Prevención Reacción, que hace bastante falta en esta comisaría". Morales añadía que en cuestión de medios la policía anda muy escasa "de vehículos anda la cosa regular, necesitamos vehículos preparados para hecer frente a una delincuencia que huye por caminos, campo, playas... con un vehículo utilitario, un Citröen Picasso, no podemos hacer nada, se nos escapan".

Concentración por la seguridad en La Línea

Este es el manifiesto leído esta tarde en la concentración:


POR TU SEGURIDAD POR LA DE TODOS

 

No hemos venido hoy a pedir más policías, aunque también pidamos más policías.

Ni siquiera hemos venido a reclamar justicia. Aunque necesitamos una justicia mejor y más rápida.

Hemos venido a reclamar trabajo y dignidad, horizontes cercanos, un territorio en el que la mafia no pretenda sustituir al Estado porque el Estado sea quien verdaderamente nos proteja, quien nos ofrezca un empleo, un lugar en el mundo, un rincón en la historia.

Nosotros no nacimos ayer ni fuimos tan sólo corsarios, matuteros, contrabandistas o gayumberos. Los habitantes del Campo de Gibraltar fueron y fuimos los hijos del instinto de supervivencia, los que salimos adelante cuando las ventanillas de la burocracia nos decían vuelva usted mañana y cuando la cerrazón de la dictadura cerraba las fronteras sin que a un lado y a otro de la Verja ataran ya los perros con longaniza.

Nosotros, nosotras, no llegamos aquí a bordo de las narcolanchas sino que, dos siglos atrás, esperábamos en las jaimas del Paseito Chacón una fragata que nos llevase a Gran Bretaña o a las Américas, desde el puerto de Gibraltar, donde no nos dejaban hacer noche. Nosotras, nosotros, o nuestros abuelos, no viajamos en el cuatro por cuatro a todo gas cargado de cannabis o de doñablanca, sino que montábamos en las humildes bicicletas del amanecer para conseguir en la colonia británica de Su Graciosa Majestad el pan nuestro de cada día que nos negaba la Corona española, la grande y libre, esta madre y madrastra de todos sus hijos.

Quiero decir que La Línea, que Algeciras, que San Roque, que Los Barrios, Castellar, Jimena o Tarifa, no fueron tan sólo bandidos de la trocha, perros cargados con petacas, picos de la transición hincando su caballo llamado muerte en la piel de nuestros jóvenes. Nosotros, desde La Línea, fuimos la fragua de Juan Mesa y los sainetes de Guillermo Fonseca, la voz isleña de Camarón, las novelas fugitivas de Angel María de Lera, la música barroca de los Rolling Boys, Destrozamitos o May Pop, los cómics de Tuboescape, el orientalismo de Cruz Herrera, las coplas de Erika Leiva o las de Imperio Argentina y de su padre Antonio Nile; que nuestro eco sea John Galliano bailando bulerías, poco antes de que zapateara por medio mundo David Morales.

Fuimos y somos la belleza, pero nos rondan los dragones. El peor crimen que ocurre a nuestro alrededor no es el gatillo que arma la mano de los vendedores de pesadillas. El peor crimen es el paro, la desesperanza, la falta de servicios básicos, la caída del llamado estado del bienestar que aquí siempre fue, desde hace décadas, el del malestar.

¿Cómo convencer a un niño de hoy que es mejor que estudie a que sueñe con ganar en una sola noche más euros que su profesor en un mes? ¿Cómo convencer a la ciudadanía de que, a pesar de la corrupción de numerosos gobernantes, no merece la pena ser corruptos, ni aceptar por dinero bajo cuerda que alguien guarde droga en nuestro garaje, ni contribuir a blanquear las treinta monedas de sangre que ganan los judas que vendieron nuestro pasado, traicionan nuestro presente y asesinan nuestro mañana?

Dicen los que saben que en el Campo de Gibraltar impera la moral de frontera, que cada cual hace de su capa un sayo, que la única consigna posible es la de toma el dinero y corre. No fue así cuando sacrificamos esta Bahía para crear el principal complejo industrial de Andalucía. ¿Quien iba a decirnos que a pesar de todas las chimeneas y del empleo creado, cincuenta años más tarde íbamos a seguir batiendo plusmarcas de marginación, saltando a diario por debajo del umbral de la pobreza? Cuando confiamos en que el poder democrático iba a conseguir lo que no quisieron antes tiranos y dictadores, no imaginábamos que nuestros hospitales iban a ser asaltados por los recortes mucho antes de que los asaltaran los compinches numerosos de un camello de postín para liberarlo de la policía a punta de fuerza bruta.

Pero seguimos estando del lado de ese poder, seguimos formando filas con la inmensa mayoría de nuestra gente, que prefiere llegar a trancas y barrancas a fin de mes que a toda velocidad por las autopistas que llevan al fin de la dignidad y de la frente alta a pesar de los salarios bajos y los contratos indignos.

La geografía es tozuda y no podemos negar que el Campo de Gibraltar es el lugar de Europa por donde más droga se introduce proveniente del Reino de Marruecos, que es uno de los mayores productores de cannabis o de sus derivados del mundo. Aquí, de un tiempo a esta parte, hay armas de todo tipo, en manos de mafias que a menudo campan con impunidad por nuestras calles. Pero también tenemos almas del nueve largo, las mismas que se movilizaron hace casi treinta años para luchar contra los narcos y a favor de los zombies vencidos por la heroína, el haloperidol o la metadona.

Aquí estamos muchos de quienes salieron entonces a la calle. Aquí están también muchas de esas personas que de nuevo no tienen miedo a que se fije en ellos la diana de quienes disparan a quemarropa contra nuestros sueños, los que amenazan a sus vecinos o a los agentes. En las últimas semanas, muchos de ellos han empezado otra vez a decir basta. Y hoy lo hacemos aquí a cara descubierta frente a los robagallinas de la droga pero especialmente frente a los reyes y a las reinas del sur que pretenden ponerle precio a nuestra vida.

Frente a los forajidos, queremos que reine la ley y que el único desorden posible sea el de aquellos que verdaderamente quieren transformar un mundo hecho a la medida de los mercaderes, esos otros que alijan desahucios y trajinan con la precariedad del resto. Cincuenta años después del mayo del 68, ya sabemos que la droga no es la suprema rebeldía, que el opio del pueblo es el opio del pueblo y que cualquiera de nosotros tiene derecho a buscar el paraíso donde quiera pero nadie tiene derecho a imponerle el infierno a sus semejantes.

Me dicen que todo esto ha provocado que se colme la paciencia de las Coordinadoras contra la droga, de sindicatos policiales y organizaciones que representan a los agentes de los diferentes Cuerpos de Seguridad del Estado, Policia Local , Vigilancia Aduanera y Policía Portuaria, y que la rabia ha logrado el milagro de que se unan todos ellos para exigir medidas urgentes a los responsables de las distintas Administraciones ante la situación límite y peligrosa que se vive en el Campo de Gibraltar tanto para los agentes de la autoridad como para la ciudadanía en general.

Asi que reclaman una nueva comisaría en La Línea, el incremento permanente de las plantillas de los cuerpos y fuerzas de seguridad, que debería ascender a setecientos agentes sin descartar las unidades UPR para La Línea, la UDYCO, el EDOA o Vigilancia Aduanera, el incremento y mejora de los medios rudimentarios de que el Estado dispone frente a la tecnología punta del crimen organizado, por no hablar de chalecos antibalas, pistolas taser o vehículos que merezcan dicho nombre.

Quieren un juzgado especializado en narcotráfico, la ampliación de las plazas de fiscales y personal administrativo, pero también penas justas pero severas que contemplen el supuesto de banda organizada, cuando a menudo el clima en las playas del desembarco roza el de una guerra de guerrillas, entre atropellos, agresiones y embestidas.

Que los que mandan, aquí, allí o en Europa, les reciban; que el Estado de Derecho sea de realmente estado de derecho y que las lanchas fuera borda que sean incautadas y subastadas no vuelvan a manos de los traficantes.

Sin embargo, más allá de todo ello, lo que más debiera importarnos es que aumenten las plantillas de maestros, los medios sanitarios, el abrigo de las instituciones hacia los nadie, que haya dinero legal y no sólo mercado negro, que convirtamos la historia de hoy en una leyenda para siempre, que el nombre de nuestra tierra no aparezca asociado a las páginas de sucesos y que entre nuestras dos aguas, sólo naveguen ritmos invencibles, gente con papeles que venga a buscar la vida sin encontrarse con la muerte. Que construyamos la casa común del futuro por encima de las infraviviendas y de la soledad de los suburbios que ahora llaman de alto riesgo.

Los aquí presentes os invitamos hoy a consumir la mejor droga que existe, la que logra llevarnos a planetas por explorar y a corazones por descubrir. Esa droga es la utopía y debemos aprender a descargarla desde las inmensas playas del conformismo que nos rodean.

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