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Lunes, 18 de Noviembre de 2019

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El obispo Munilla, el feminismo y el demonio

El comentario de Juan Francisco Rojo

El Ex Obispo de Palencia y actual prelado de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha llegado a asegurar que el demonio está en la causa feminista. En su programa de radio en esa emisora sin licencia, esa emisora pirata, al menos en Palencia, que es Radio María, se oponía a las reivindicaciones que justificaban la huelga del 8 de marzo y llegó a decir que “es curioso como el demonio puede meter un gol desde las propias filas porque el feminismo, al haber asumido la ideología de género, se ha hecho una especie de harakiri”.

En la radio, la voz de Munilla, y en especial sus proclamas, suenan a NO-DO, a alcanfor, a rancio, a naftalina, a cura de sotana raída de la España negra de la posguerra. Hay quien dice que es un obispo inteligente. Yo tengo mis dudas sobre la inteligencia de alguien que tiene una visión de la vida tan estrecha y excluyente. El harakiri se le hace la propia iglesia con obispos como él, curas que repelen más que atraen y medios informativos del catolicismo más radical. Afortunadamente, otros obispos y representantes de la iglesia habían salido antes a la palestra, como es el caso del cardenal Osoro, para apoyar las pasadas movilizaciones.

Y enseguida salieron los ultracatólicos. Esos que alejan a las gentes de los templos. Grupos ultraconservadores, de la línea cerril, enferma y en el fondo acomplejada de Munilla, acusaron al cardenal de confundir y desconcertar a los fieles por comprender y apoyar la lucha por la igualdad. El Obispo de Alcalá, propuso una teología de la mujer que la reduce a mujer y a madre. Impresionante. Ahí tienen, estos son algunos de los principales representantes de una Iglesia que intenta caminar hacia los nuevos tiempos y abrir sus puertas a la pluralidad y la igualdad, trayectoria que escenifica perfectamente el Papa Francisco.

No dejo de pensar que Munilla es, en el fondo, un pobre reprimido y acomplejado. Sólo así puedo entender su estrechez de miras. Y también les digo a los de la iglesia más progresista que las palabras y los gestos están bien; son necesarios. Pero ha llegado el momento de los hechos. De ser valientes. Ha llegado el momento de predicar con el ejemplo. Ha llegado la hora de que se vea la igualdad de hombres y mujeres en la Iglesia. Sé que no es fácil. Gente como Munilla o el Obispo de Alcalá dificultan ese objetivo.

Pero quienes abogan por una iglesia más abierta, deben entender que la sociedad reclama pasos firmes, acordes con el siglo XXI que demuestren que el putrefacto mensaje de los ultraconservadores es, cada vez más, una excepción. De lo contrario, las iglesias se seguirán vaciando. De hecho, unas cuantas ya están vacías.

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