Miércoles, 12 de Agosto de 2020

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Mario Ocaña

‘Cantando bajo la lluvia’

El sábado por la mañana la amenaza de lluvia se convirtió en una húmeda realidad nada más poner los pies sobre las baldosas de la Plaza Alta

El sábado por la mañana la amenaza de lluvia se convirtió en una húmeda realidad nada más poner los pies sobre las baldosas de la Plaza Alta. Ocupando las tres cuartas partes de la misma hombres y mujeres, ciudadanos de todas las edades, con predominio de la gente de más de cincuenta, nos concentramos para manifestar nuestro más absoluto desacuerdo con la vergonzosa subida de las pensiones con las que el gobierno del Partido Popular nos ha regalado este año.

Con la lluvia que nos trajo el viento del suroeste, todos los allí presentes escuchamos las intervenciones de los oradores con paciencia franciscana, palabras que no hicieron más que reafirmarnos en muchas de nuestras opiniones previas: que los que nos gobiernan no han tenido nunca problemas de índole moral para invertir miles de millones de euros para salvar la crisis de la banca privada, pero han carecido de moral cristiana suficiente para acordarse de aquellas personas, especialmente mayores y especialmente mujeres viudas, que sobreviven con pensiones de auténtica vergüenza; que mientras la corrupción gangrena al partido que gobierna desde hace años miles de pensionistas han sido el sostén de esta sociedad de españoles dignos y solidarios que, en su escasez, y en los peores momentos de crisis han sido capaces de compartir lo poco con los hijos en paro o los nietos inocentes de ser gobernados por una clase política que piensa demasiado en sus estómagos y demasiado poco en los de los ciudadanos de a pie; que la España en que vivimos, y a la que tanto queremos, necesita un cambio. Un cambio profundo. Un cambio moral. Donde nadie sea más que nadie, sino solo por lo que hace, como dijo Cervantes; donde cualquiera que ocupe un puesto de alcalde, parlamentario o senador no se convierta en un privilegio, en un status, desde donde cualquier pelagatos con corbata se permita pontificar y reirse de las necesidades de los ciudadanos por que él, o ella, lo valen. Quizás si viviesen en las mismas condiciones económicas que otros muchos, si no gozaran de retiros de lujo, de oficina, secretaria y coche oficial con chofer, si no percibieran jubilaciones de miles de euros, si no hubieran robado tanto dinero público, si la ley se aplicase con rapidez y los culpables tuviesen que devolver lo robado quizás entonces puede que si hubiese dinero para subir las pensiones para que los mayores pudiesen alimentarse decentemente, calentar sus hogares en invierno, disfrutar del descanso en verano, ir al cine o al teatro, comprar libros, asistir a conciertos, matricularse en cursos de cualquier tipo o adquirir las medicinas que tanto se necesitan en estos años, es decir, para vivir con la dignidad suficiente con la que todos suponemos deben vivir aquellas personas que han cotizado durante tantos años para mantener el sistema dentro de una sociedad democrática, moderna y europea. Esperemos que estos polvos que está levantando el movimiento de protesta contra la gestión de las pensiones se conviertan en lodos cuando llegue el momento de meter la papeletita en la urna. El sábado, mientras cantábamos bajo la lluvia, no vi a ningún político en activo interviniendo en el acto. Sin comentarios.

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