Domingo, 17 de Enero de 2021

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¿Deberían los robots pagar impuestos?

Reclamar que los robots coticen por su trabajo. Es justo... ¿o no?

SER 3.0: ¿Deberían los robots pagar impuestos?

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La incorporación de los avances tecnológicos al sistema productivo siempre ha provocado rechazo a corto plazo, pero grandes beneficios para la sociedad a largo plazo.

Uno de los mayores problemas a corto plazo está muy relacionado con los miedos que genera lo nuevo en las personas, pero mucho más en la inevitable reconversión a la que deben enfrentarse muchos trabajadores, a la incertidumbre que esto les provoca y al hecho de que siempre habrá un porcentaje de personas que no logrará adaptarse.

En una sociedad basada en el capitalismo, los sindicatos juegan un papel fundamental, aunque solo sea porque si no existieran, la inercia por obtener más y más beneficios llevaría a los empresarios a sobrexplotar a los trabajadores, considerándolos meros recursos productivos.

Sin embargo, los objetivos de los sindicatos, centrados en defender a trabajadores o sectores concretos, suelen ser más operativos y tácticos que estratégicos, y sus soluciones pueden convirtiéndose en parches que contribuyen a apuntalar un sistema que, a medida que evoluciona la sociedad, se antoja incompatible con el estado del bienestar al que todos deberíamos contribuir, incluidos los más pudientes.

Peor todavía es cuando estas ideas sindicales son recogidas por los partidos políticos, que sí deberían estar obligados a atenderlas, a proponer soluciones más globales, a más largo plazo, más valientes y con miras más amplias. Cosa que, al menos en los temas importantes, rara vez ocurre: unas veces por populismo, otras por incompetencia u otras porque, sencillamente, consideran que las soluciones a largo plazo requieren medidas impopulares que les perjudicarán en lo inmediato y que, en caso de ser exitosas, difícilmente les serán reconocidas.

Un ejemplo de estas medidas cortoplacistas, que puede acabar siendo populista y que debería pensarse dos veces lo encontramos en propuesta de un impuesto a los robots por los empleos que están destruyendo y, en consecuencia, por las cotizaciones que se están perdiendo y que pueden hacer peligrar, por ejemplo, el sistema público de pensiones.

Las personas tenemos una tendencia innata a atribuir características y cualidades humanas a cualquier animal o cosa. Esta es la base para reclamar que los robots coticen por su trabajo. Es justo, ¿no? Tal y como lo hacemos los demás. Seguro que es fácil vender esta idea entre la población, sobre todo entre los más afectados, que la considerarán tanto una solución justa como su pequeña venganza contra esos esquiroles que les están robando el trabajo, al tiempo que les proporciona un enemigo común contra el que luchar y alrededor del cual organizarse.

Pero la realidad no tiene mucho que ver con todo esto: ya hay robots, en particular, y maquinaria de muy diversa índole, en general, ayudando desde hace muchos años a que seamos más productivos y a que los trabajos más duros no tengan que ser desempeñados por personas. Es evidente que, con la incorporación de tecnologías, cada vez más, trabajamos menos horas y realizamos tareas que requieren menos esfuerzo y son menos repetitivas. ¿Alguien se imagina ahora labrando un campo durante 16 horas, tirando del arado con sus propias manos y sin saber si su esfuerzo se convertirá en cosecha? Igual ocurre con los altos hornos, la minería, los astilleros... Es más, si queremos ser justos con la reivindicación de todos los colectivos, pensemos tan siquiera en tener que seguir lavando la ropa o los platos en un barreño, cocinando durante horas y horas, limpiando sin la ayuda de aspiradoras cada vez más sofisticadas. ¿Es que todo eso no son también robots? ¿Es que todo eso no está quitando también puestos de trabajo? ¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar en nuestra pequeña cruzada contra estos odiosos artilugios que han venido para quedarse con nuestros puestos laborales?

Lo que los sindicatos reclaman, muy justamente, es que los trabajadores no se queden sin trabajo, que sean guiados en su reciclaje hacia nuevas ocupaciones de mayor calidad, que no sean olvidados aquellos que no lo han logrado, que no se produzca un déficit en la Seguridad Social, que no peligre el sistema público de pensiones y, en definitiva, que se alcance y se mantenga una verdadera sociedad del bienestar.

Y esto no debería ser incompatible con la deseada mejora de la productividad que busca la patronal, ni siquiera con los modelos productivos que tenemos y que deben asegurar que se generan recursos suficientes para la, cada vez mayor, superpoblación mundial.

En cualquier caso, la solución se encuentra en el análisis global de todas las demandas, de la situación actual, de la previsible evolución de todos los factores implicados, de estar dispuestos a realizar una justa redistribución de las rentas y, como no puede ser de otra forma, de saber aprovechar e incorporar las mejores tecnologías para lograrlo.

SER 3.0 #17

Esta semana abordaremos este tema y daremos las razones por las que los robots son tan beneficiosos para nuestro futuro y por qué resulta tan extravagante querer imponerles un impuesto

Francisco Maciá es doctor Ingeniero en Informática y profesor titular en el Departamento de Tecnología Informática y Computación de la Universidad de Alicante.

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