Domingo, 17 de Enero de 2021

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Videojuegos y adicción

No importa si se trata de un juego de estrategia, de disparos, de simulación, de carreras, de deportes, de aventura o de rol, si el juego es bueno, te atrapará…

SER 3.0: Videojuegos y adicción

Getty Images

Negar que los videojuegos son adictivos es como no querer reconocer que el Sol sale por el este y se pone por el oeste…

Parece que esto no le parece mal a nadie. Los propios diseñadores de videojuegos quedan muy decepcionados cuando no logran este objetivo. Posiblemente, igual que su público. Y no importa si se trata de un juego de estrategia, de disparos, de simulación, de carreras, de deportes, de aventura, de rol, o de cualquier otro tipo, si el juego es bueno, te atrapará… Y no solo a ti, también le puede pasar a tu pareja, a tus padres o incluso a tus abuelos. Nadie está libre de caer en las redes de este tipo de entretenimiento tan absorbente.

Y si no tengo razón, que se lo digan a Villalobos con su Candy Crush, o a tantos otros políticos cazados sin poder dejar de combinar letras y letras desde sus escaños para ser los mejores en Apalabrados. Megan Fox, Mila Kunis, Justin Bieber, Kate Beckinsale, Zack Efron o Rihanna, son solo algunos personajes de una larga lista de famosos que confiesan ser fans a los videojuegos.

En Corea del Sur, que junto con Dinamarca y Suecia lideran el ranking de los países más conectados del planeta, los gamers son más famosos que las estrellas de rock o que los deportistas. Los e-sports alcanzan categoría de deporte nacional, y disponen de varias cadenas de televisión que retransmite las partidas durante todo el día. En los últimos años se han dado casos extremos de padres que han dejado morir de hambre a sus hijos por jugar durante días seguidos en uno de los más de veinticinco mil cibercafés que hay en Seúl. Tanto es así que las autoridades están teniendo que tomar serias medidas al respecto.

Sin embargo, al igual que en realidad el Sol únicamente sale por el este y se pone por el oeste dos días al año, justamente en los equinoccios, tampoco está, ni científicamente, ni clínicamente demostrado que un videojuego sea adictivo, al menos como definimos formalmente la adicción a las sustancias químicas o a diferentes conductas. Es más, existen numerosos estudios que sí demuestran científicamente el enorme potencial que poseen los videojuegos para mejorar la agudeza visual, potenciar la atención, rehabilitar sistemas biológicos o mejorar trastornos neurológicos. Son indudables los beneficios que pueden tener los videojuegos aplicados al proceso de enseñanza/aprendizaje en todos los ámbitos de la vida, no solo para los más pequeños. La capacidad que tienen los videojuegos para captar nuestra atención puede ser un arma muy poderosa.

Pero, entonces, ¿cuál es la verdad? ¿Los videojuegos son beneficiosos, o son nocivos? ¿Debemos vigilar a nuestros hijos? ¿Debemos prohibirles los videojuegos? ¿Y qué hacemos con nuestras parejas? ¿Dónde están los límites? ¿Cómo podríamos asegurar que empleamos los videojuegos de forma adecuada, de forma que podamos aprovechar su potencial y evitar sus consecuencias? ¿Vamos hacia el mismo modelo que los surcoreanos o es que ellos son diferentes? ¿Prohibir algo no hace que se desee con más ahínco, incluso que no se pueda hablar francamente de ello? ¿Estamos igual de alerta frente a otras adicciones, quizá más reconocidas, quizá más dañinas, o ya las hemos interiorizado?

Una vez más, tenemos delante el reto de despejar numerosas incógnitas que seguro que nos preocupan, y mucho: si tu hijo no sale de la habitación para desayunar, comer o cenar; si no sabes qué hace durante todo el día; si tu pareja no se levanta del sofá para darle agua a tu bebé cuando llora o, sencillamente, para darte un beso, dirigirte una mirada, una sonrisa, porque no puede apartar la vista de sus mandos…, no lo dudes, empieza hablándolo y, si eso no sirve para nada, busca ayuda inmediatamente. Porque es posible que el Sol solo salga dos días al año por el este, y se ponga solo dos días por el oeste, pero también está claro que ocurrir, ocurre. No dejemos que la probabilidad, aunque sea baja, aunque no esté todavía medida, de sufrir una adicción nos alcance.

SER 3.0 #18

Esta semana intentaremos, como siempre, reflexionar y, si es posible, desvelar sobre algunas de estas incógnitas. No os lo perdáis.

Francisco Maciá es doctor Ingeniero en Informática y profesor titular en el Departamento de Tecnología Informática y Computación de la Universidad de Alicante.

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