Debería haber más ermitaños
Del millón largo de habitantes de la comunidad, una porción muy significativa expresa su desencanto ante diferentes vicios que han degenerado en saturación y masificación

"La línea roja" de Matías Vallés (28/03/18)
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PALMA
Esta semana de recogimiento aporta el escenario ideal para evocar al ermitaño Pedro Matamalas, fallecido de frío en la montaña mallorquina durante las pasadas Navidades, mientras recogía musgo para el belén.
La muerte del ermitaño provocó una conmoción inusitada, por tratarse de alguien que había elegido retirarse del mundo.
Valldemossa lo despidió con un funeral multitudinario, también inusual en una sociedad que rehúye las conmemoraciones fúnebres.
Se multiplicaron asimismo los testimonios de reconocimiento a la labor concreta de Matamalas y, más genéricamente, a la opción vital que encarnaba.
El interrogante viene entonces de corrido, ¿por qué no hay más ermitaños en Balears?
Del millón largo de habitantes de la comunidad, una porción muy significativa expresa su desencanto ante diferentes vicios que han degenerado en saturación y masificación.
Según estos diagnósticos, no serían centenares sino miles los candidatos a exigirse una austeridad radical para saborear la existencia sin intermediarios.
En cambio, el éxodo a la vida eremítica no existe, y me ataca el vértigo solo de plantearlo.
Hasta tal punto estamos contaminados del barullo hiperactivo que llamamos vida moderna.
Y conviene interrumpir esta divagación antes de que un hotelero avispado promocione el turismo para ermitaños. A buen precio y con inversión mínima.




