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Domingo, 29 de Marzo de 2020

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Tradiciones en torno a los ‘Judas’ de Resurrección en los pueblos de Cuenca

Representan lo malo y acaban estrellados contra el suelo, destrozados y quemados. En muchos pueblos de la provincia aún se mantiene esta antigua tradición

Momento en el que cae el judas de Albalate de las Nogueras en la mañana del Domingo de Resurrección en 2013.

Momento en el que cae el judas de Albalate de las Nogueras en la mañana del Domingo de Resurrección en 2013. / Paco Auñón

Muñecos o peleles confeccionados con ropas viejas y rellenos de paja o espliego seco se cuelgan, se bandean, se zarandean, se matan, se estrellan contra el suelo y se queman después. Simbolizan lo malo, lo que hay que olvidar y de lo que hay que deshacerse. Estas tradiciones antiguas se integraron en el cristianismo con la representación de Judas, el apóstol que traicionó a Jesús de Nazaret, según cuentan los Evangelios. Y al judas se le escarnece y se le destruye en el momento de la Resurrección. Lo malo deja paso a lo bueno, la oscuridad a la luz, el invierno a la primavera.

En los pueblos de Cuenca perduran aún estas tradiciones.

El judas de Albalate de las Nogueras en 2013. / Paco Auñón

En Albalate de las Nogueras los jóvenes que cumplen los 18 años, los que antes eran los ‘quintos’ que tenían que ir a la mili (hoy chicos y chicas), son los encargados de cortar un tronco de chopo de más de 20 metros de altura para plantarlo, con la ayuda de todo el pueblo, durante la madrugada del Sábado de Gloria al Domingo de Resurrección, en el centro de la plaza. En la punta han atado el judas, el pelele de paja que cada año representa a un personaje al que se quiere criticar y que acabará estrellado contra el suelo y quemado por las calles del pueblo en los momentos previos a la procesión del Encuentro.

Son también los quintos los que encabezan estas costumbres en otros pueblos, como ocurre en la Serranía Baja de Cuenca, y según nos ha contado en Hoy por Hoy Cuenca, Mariano López Marín, cronista de la villa de Salvacañete.

Entrevista en Hoy por Hoy Cuenca con Mariano López Marín. / Paco Auñón

En Salvacañete, según nos ha contado López Marín, se rellena el judas (o los judas, depende el año) con espliego seco y se bandea hasta que los niños acaban quemándolo en la hoguera. También se bandea en Campillos Paravientos.

Judas en Salvacañete en 1960. / Mariano López Marín

En Alcalá de la Vega se hacen dos judas, uno hombre y otro mujer, que después también se encuentran como Jesús y su Madre.

En Landete se hacen varios judas y se les cuelgan carteles con escritos en los que se denuncia y crítica lo que no se ha hecho bien en el pueblo.

En Boniches, como en El Tobar, se llegaba a disparar al judas con una escopeta. En Huérguina se zarandean los judas que también acaban quemados.

En Villaconejos de Trabaque se cuelgan de una cuerda en medio de las calles por las que pasa la procesión y se les menea al paso del cortejo dejando caer sobre los asistentes la paja que rellena el pelele.

En Laguna del Marquesado los mozos robaban los cabrios, troncos para hacer tejados, para empalmarlos después y hacer uno más grande, de unos quince metros, y atar en la punta al judas.

En Pajaroncillo el judas se meaba a través de un botijo con agua que se le ponía al muñeco. En Salinas del Manzano se ponían dos judas, uno en la iglesia y otro en la plaza. El Valdemoro de la Sierra el Ayuntamiento permitía a los jóvenes cortar un pino para poner el judas en su punta.

En Zafrilla tienen fama de poner el judas más alto de esta comarca en la punta de un tronco de entre 18 y 20 metros.

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