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La #tuithistoria de Javier Ruiz

Una habla en castellano pero con marcado acento árabe. La otra es sudamericana aunque no sabría decir de qué país. Están enfadadas. No tristes, enrrabietadas como cuando aprietas los puños

Mujeres en lucha

Voy caminando tras ellas. La joven es bajita y achaparrada. La mayor es alta y adusta. Caminan rápido como si llegaran tarde y me cuesta, con mis piernas pequeñas, seguirles el paso mientras tomo notas para esta tuit-historia.

Una habla en castellano pero con marcado acento árabe. La otra es sudamericana aunque no sabría decir de qué país. Están enfadadas. No tristes, enrrabietadas como cuando aprietas los puños.

A una de ellas la escucho preguntar: "¿Te ha dicho que te quedes hasta las cuatro?" y luego asegura: "Pues no te quedes ni un minuto más tarde". La otra asiente en silencio. Mueve la cabeza a la vez que anda como si fuera uno de esos muñecos que se ponen en el coche y que vibran con el movimiento.

"Ya echamos todos los días más de dos horas gratis", señala, "y encima ahora esto", continúa la más alta, mientras la otra asiente.

Aprietan el paso, está a punto el reloj de dar las nueve.

Llegan a una puerta. La más guerrillera se quiere quedar hablando en el vano mientras la otra entra: "Vamos, apúrate", le dice, "que me riñen".

Se dan un beso en la cara. Y se despiden con dos palabras que suenan gigantes: "aguanta, bonita".

La puerta se cierra y dentro la espera el jefe. Pero eso ya es otra tuithistoria.

Javier Ruiz

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