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Palencia... comunera (I)

La Firma de Eduardo Nieto

"Palencia... comunera (I)", la Firma de Eduardo Nieto

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Palencia

Fue por abril. 1521. Llovía como en estas fechas. La derrota de los comuneros no fue en puente Fierro, en la ribera del Hornija. Se inicia en el patíbulo de Villalar, donde Padilla, Bravo y Maldonado fueron decapitados sin juicio, para general escarmiento y eliminación de pruebas de las gobernanzas imperiales. Se culmina el proceso en Palencia, el 23 de agosto de 1522, donde Carlos I de España y V de Alemania (¡qué coincidencia!) monta el Consejo del Reino para iniciar las sentencias y liquidar el movimiento comunero, aunque se publican en Valladolid.

Por qué Palencia es elegida por el emperador para la escenificación del proceso y de alguna sentencia, consumada por ahorcamiento y desmembración, distribuyendo sus restos, enhiestos en picas, por todos los caminos “para su castigo y general escarmiento”.

Diversas teorías de la sinrazón. Ciudad cómoda a sus intereses, sumida en la centralidad eclesial, en pía interpretación. Otros historiadores apuntan que Palencia “hizo fuerte al movimiento comunero”, “siéndolo la inmensa mayoría de los palentinos”.

Era ciudad considerada entre las primeras en todos los rangos y singularmente en aporte económico a las arcas reales y vaticanas. No en vano, figuraba entre la tercera y quinta plaza episcopal, que por entonces se atribuían el derecho de nombrar a los regidores. Otras circunstancias, concomitantes con estas, fueron la muestra de las vicisitudes de todo el siglo XV, precedente de la revolución comunera. Tales fueron, que ya en 1421 se produce el primer levantamiento contra el Merino episcopal. La desconsideración provocó nuevo levantamiento del pueblo en 1465, con la quema del palacio episcopal. Incidente ilustrativo del grado de presión y la respuesta a la misma. Continúan “los alborotos” durante los años siguientes y en el décimo, 1475, se producen nuevos enfrentamientos contra los regentes episcopales por las nuevas contribuciones que llegan a denominarse “saqueo eclesial permanente”. Es la época de la construcción de la catedral y de varias iglesias, hasta el extremo de motejar al obispo Alonso de Burgos, como “fray mortero”.

Así que, cuando llega un príncipe extranjero, de 17 años, con una corte de barones y clérigos flamencos, a quienes se encarga del gobierno, arramplando con todos los recursos para su nombramiento de emperador de Alemania y para resolver conflictos ajenos, “el pueblo y la nobleza no aceptan que se produzca sin pedir parecer ni consentimiento” y se levanta. Palencia, también. “Nos, somos igual que vos y todos juntos más que vos”. Son notas de la “Historia de las Comunidades palentinas”.

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