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Sábado, 07 de Diciembre de 2019

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Valencia recuerda a Guillem Agulló 25 años después de su asesinato

La manifestación del 25 d'Abril que organiza ACPV acabará este sábado con la inauguración del paseo que se le ha dedicado en Viveros

Valencia recuerda este sábado a Guillem Agulló, asesinado hace ya 25 años. Guillem Agulló, que ya tiene una calle en Valencia... O casi. El Ayuntamiento de Valencia ha dedicado al joven antifascista una calle, sí, pero dentro de los Jardines de Viveros. Pero antes de la inauguración de este paseo tendrá lugar una manifestación, que empieza a las 6 de la tarde, una manifestación que ha convocado Acció Cultural del País Valencià, que insiste en plantear la movilización en positivo.

Afirma su secretario general, Toni Gisbert, que han intentado "trabajar juntos" con otros colectivos, como la comunidad islámica, la israelita, la gitana, la Comisión de Ayuda al Refugiado o Lamda, porque el llamamiento a desterrar la violencia de las calles, dice Gisbert, concierne a todos. En este sentido, considera que se está yendo en la buena dirección, aunque quizá no tan rápido como le gustaría. Algo que se refleja también en la decisión de destinar a Agulló un espacio en Viveros en lugar de una calle en la ciudad. En cualquier caso, reconoce que a veces se cumplen los objetivos máximos, pero a veces solo se sigue avanzando sin llegar a lo ideal.

La sociedad valenciana ha cambiado mucho en 25 años, afirma Gisbert, que considera impensable que los valencianos no rechazáramos hoy en día esa o cualquier otra forma de violencia por motivos ideológicos. Sin embargo, y aunque se han dado pasos de gigante en poco más de dos décadas, no es menos cierto que queda mucho trabajo por delante. Y es que aunque se muestra convencido de que los discursos del autoritarismo y el odio son discursos del pasado, que no miran al futuro, reconoce que hay ciertos intereses políticos por parte de grupos que intentan aún reavivar ese discurso.

El secretario general de ACPV se plantea la manifestación como una forma de recordar a todas las víctimas del odio y la intolerancia, además de como una reivindicación de la sociedad que queremos construir, que debe ser, dice, un modelo de país abierto, que se reconoce en la lengua, en la cultura, que acoge a personas que llegan de lugares diferentes y con todo tipo de identidades.

Y hace un llamamiento al sentido común. Gisbert considera que debería haber unanimidad social y política para excluir la violencia física y verbal de la plaza pública. No es una cuestión de partidos, sino, en el caso de Agulló, de memoria histórica y de derechos. Y si de algo tiene que servir todo aquello, dice, es para que el odio que acabó con la vida del joven no se cobre nunca ninguna víctima más, sea cual sea su ideología.

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