De muros y vergüenzas
La Firma de Pedro Brouilhet

"De muros y vergüenzas", la Firma de Pedro Brouilhet
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Palencia
El 9 de noviembre de 1989 los berlineses derribaron el muro que, desde hacía 28 años, dividía en dos su ciudad y la nación de Alemania, y que popularmente se denominó 'muro de la vergüenza'. Se celebró como una gran victoria de la libertad. Era el 'fin de la historia', tituló en un artículo el profesor Francis Fukuyama; el fin de la historia triste de guerra fría, totalitarismos y confrontación de bloques políticos y militares, para dar paso a otra de países libres y solidarios, sin odios, sin muros, sin vergüenzas que sonrojen el rostro.
Pero no ha sido así. Hemos ido construyendo otros muros de división y exclusión. Hace unas semanas visite el muro construido por los judíos en Jerusalén. Familias separadas, medidas de seguridad propias de una guerra, una colonización progresiva de un estado, una ciudad dividida por un gobierno que cuenta con el silencio cómplice de la sociedad occidental.
En otros lugares se construyen otros muros: entre EE.UU y México, entre la Unión Europea (España) y África, el mar Mediterráneo, los campos de refugiados...
Hay muros físicos, pero también legales, muros invisibles pero reales, y hasta 'muros de silencio' hipócrita en occidente ante la persecución y el exterminio de los cristianos en algunos países, como denuncia la periodista Pilar Rahola en su reciente libro “S.O.S. cristianos”.
Creamos muros para protegernos de los pobres, de aquellas personas que nuestra sociedad ha llevado a la exclusión y marginación. A los que han sido golpeados ahora les consideramos peligrosos, asesinos, terroristas… En vez de ayudar, de realizar proyectos de desarrollo, de favorecer gobiernos democráticos, de apostar por una sociedad donde lo importante sean las personas, construimos muros para protegernos, para no contaminarnos, para salvaguardar nuestra seguridad.
Dejamos muchas víctimas en el camino, mucha gente sin lo necesario para vivir con dignidad. Los populismos han abanderado estas políticas contando con el voto de algunos ciudadanos. En un mundo cada vez más globalizado y conectado resulta que la mejor medida que se nos ocurre es mandar al ostracismo a gran parte de nuestra familia humana. No nos podemos olvidar que el muro del dinero es quien nos gobierna y determina nuestro día a día.
También en nuestro entorno construimos otros muros. Nuestros políticos construyen muros de incomunicación, realizan ruedas de prensa sin preguntas, justifican lo injustificable, sacan los trapos socios para eliminar a una compañera de partido, eligen al amigo en vez de al mejor preparado. En Cataluña se han construido unos muros que han dividido a esta comunidad autónoma en dos bandos casi irreconciliables. Atendiendo al puro electoralismo no han pensado que es mejor apostar por puntos de unión que de división.
El muro del insulto se lleva cada vez más en redes sociales, medios de comunicación, conversaciones de bar. Es bueno gritar, utilizar el anonimato para vengarse, para desprestigiar. Muros que construyen personajes con baja autoestima, que no saben expresar sus convicciones porque nos las tienen.
¡Rompamos los muros! Construyamos puentes de solidaridad, justicia, transparencia, amistad, consenso, tolerancia… Prefiero apostar por lo que nos une, no que por lo que nos divide. En el día a día tenemos que tomar decisiones que nos ayuden a construir y no a excluir.




