No me lleves la contraria
La reflexión de Ana Díez, médico de familia

Cuando hablamos, cocinamos o contamos un chiste, solemos esperar que se nos dé la razón, se alabe lo que hemos cocinado y se ría nuestro chiste.
Pero, ¿estamos preparados para recibir opiniones en contra de lo que hemos dicho o que alguien diga que no le gusta nuestra forma de cocinar o que no le hace gracia nuestro chiste? Yo creo que no.
No podemos esperar recibir el aplauso de todo el mundo a lo que hacemos. Cada uno tiene sus propios gustos y su propia opinión. Evidentemente, todos creemos estar en posesión de la verdad. Si no, lógicamente cambiaríamos.
Creo que sería mala señal si siempre se nos diera la enhorabuena y aplaudiera. Eso significaría que, o bien hemos acertado con lo que quiere toda la humanidad, asunto hartamente improbable, o que el mundo estaría mintiendo y yo, desde luego, no quiero que me den la razón y las alabanzas como a los tontos. Sin embargo, no todos saben recibir una crítica negativa. Aunque nos digan que es constructiva, es crítica, y habitualmente se recibe con el gesto torcido.
Una crítica, sea positiva o negativa, siempre ha de tomarse como una oportunidad de mejora. No porque haya que complacer a todos y cambiar, sino porque nos permita reflexionar sobre el hecho en cuestión. Así, en muchas ocasiones, aunque no lo reconozcamos públicamente, nuestro fuero interno se da cuenta de lo que hemos hecho mal y de que podemos mejorar.
Estas críticas no tienen que frenarnos, no tienen que bloquearnos; al contrario, es algo esperable cuando nos exponemos de forma más o menos pública, cuando nos presentamos a las miradas de otros. Aunque estas críticas no nos gusten, tienen que ayudarnos a mejorar, a pisar el acelerador o a ponernos las pilas y prepararnos para seguir avanzando.
En ocasiones, para mejorar, tendremos que recurrir a la ayuda de profesionales en el tema en cuestión. Eso no nos hará menos valiosos ni más débiles. Al contrario, nos fortalecerá. Yo no conozco a nadie que sepa todo de todo.
Bien es cierto que a todos nos gusta criticar, y el que diga lo contrario miente, porque casi todos nos creemos con conocimientos suficientes para opinar sobre cualquier asunto, sea el que sea. Y no siempre la crítica es buena. En muchas ocasiones, desgraciadamente tiene como única finalidad resaltar la parte negativa de la persona o el hecho criticado, aunque sea mínimo. Con ello solo se consigue hacer daño, porque generalmente estas personas no hablan de lo bueno que tiene lo criticado, solo de lo malo o lo negativo. Por supuesto, parece que con esa crítica se intenta quedar por encima de la otra persona sin más.
Ese afán por criticar resaltando lo negativo es propio de personas frustradas que no han logrado lo que querían e intentan mantenerse a flote hundiendo a los demás. Incluso tratan de justificar sus propios fracasos criticando a los otros cuyos éxitos son vividos con enfado.
Hay quien dice que no hace crítica, sino que intenta dar un consejo. Pues, en primer lugar, si yo no pido consejo, no quiero que me lo den. En segundo lugar, no se utiliza el mismo lenguaje ni el mismo tono de voz, y eso se nota. Un consejo puede ser útil, beneficioso o positivo. Una crítica, no siempre.
Si nos paramos a pensar antes de hacer una crítica, quizás demos marcha atrás y no lo hagamos, aunque pensemos que es un consejo.
Somos unos egocéntricos. Necesitamos sentirnos mejores que los demás, por encima de ellos. Y muchas veces criticamos o juzgamos sin conocer toda la realidad de lo juzgado.




