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Sábado, 07 de Diciembre de 2019

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El internet de las cosas II

Hacia un mundo invisible de cosas interconectadas

Internet de las cosas (Internet of things IoT) /

Ya somos capaces de miniaturizar un computador a niveles sorprendentes, tanto que caben perfectamente en un frigorífico, en una televisión, en un móvil, en un reloj, en el casquillo de una bombilla, o incluso dentro de una tarjeta de crédito.

Ya somos capaces de que cada uno de estos minicomputadores pueda conectarse por sí mismo a una red y, de entre todas las redes posibles, a Internet.

Ya somos capaces de hacer que estos computadores puedan sentir y comprender tímidamente su entorno: cuáles son las condiciones de temperatura, humedad y luminosidad, o si hay gases o ruidos molestos o nocivos a nuestro alrededor.

Ya somos capaces de que estos mismos dispositivos puedan actuar sobre su entorno, encendiendo luces, activando motores, conectando dispositivos, o controlando el flujo de líquidos y gases.

Ya somos capaces de hacer que todos estos minicomputadores se comuniquen entre sí para ayudarse y lograr, mediante esta colaboración, aumentar sus funcionalidades.

Y todas estas capacidades las podemos incorporar a casi cualquier objeto cotidiano.

Ya somos capaces de que muchos de estos dispositivos realicen tareas sofisticadas, como detectar si les estamos hablando, poner atención en lo que les decimos, y ser capaces de interpretarlo para proporcionar servicios concretos en función de ello. También pueden estudiar nuestro comportamiento y deducir nuestros gustos, anticipándose a nuestros deseos y necesidades. Algunos están preparados para colaborar entre sí formando un enjambre capaz de alcanzar unos niveles de consciencia que nos sorprendería.

Si tomamos todo lo que ya somos capaces de hacer, y lo metemos en un único objeto, obtenemos lo que hemos venido a llamar ‘internet de las cosas’ -traducción literal del término en inglés ‘internet of things, también conocido por sus siglas IoT. Simplificando, podríamos afirmar que IoT consiste en dotar a cualquier cosa de conexión a Internet. Pero no solo eso, también consiste en que todas estas cosas utilicen esta conexión para comunicarse entre sí…, y para que colaboren entre ellas de forma que sean capaces de proporcionarnos servicios de valor añadido, y lo que es más importante, todo esto tienen que hacerlo sin nuestra intervención y, sobre todo, sin nuestra preocupación.

Es en esta última parte en la que todavía no somos tan buenos. Aunque es evidente que IoT es una realidad tangible, con artículos que ya pueden adquirirse en cualquier gran superficie, a cualquiera que le guste la tecnología y estar a la vanguardia en este campo podrá contarnos los mucho que ama, pero también lo mucho que odia estas cosas.

Mantenerse sobre la cresta de la ola, de cualquier ola, siempre es difícil, pero querer hacerlo encima de la ola de las tecnologías se está convirtiendo en un deporte de alto riesgo. Esto se debe a que, en realidad, y a pesar de lo mucho que hemos avanzado en tan poco tiempo, nuestra imaginación todavía va más rápido de lo que la sociedad, la industria y las leyes están preparadas para asumir.

Todavía quedan muchos aspectos que abordar, que resolver, o que mejorar notablemente para alcanzar ese mundo idílico en el que, hasta el último clavo de nuestras casas, el último remache de nuestros objetos, o la última tuerca de nuestras máquinas, tengan la autonomía suficiente para autogestionarse, organizarse y colaborar entre sí con el único objetivo de proporcionarnos el mejor servicio, sin tener que preocuparnos lo más mínimo por su existencia, por su mantenimiento, …, ni siquiera por tener que darles instrucciones.

Todos estos objetos dependen de una fuente de energía para su funcionamiento, su capacidad para entender su entorno sin ningún tipo de guía es muy limitada, no tienen donde almacenar la ingente cantidad de información que capturan y que precisan, no hay estándares que les faciliten la comunicación, la coordinación y la colaboración, todavía hay una enorme superficie en nuestro planeta sin cobertura para las telecomunicaciones, y la que hay no está preparada para interconectar tantos dispositivos, no tenemos ni siquiera claro para qué podrían sernos útiles a pesar de que ya hay cientos de aplicaciones posibles, estamos lejos de saber cómo gestionar y a quién responsabilizar de las implicaciones éticas de sus actos, carecemos de protocolos que nos aseguren que todas las transacciones, incluidas las comerciales, que estos dispositivos realizarán en nuestro nombre, serán y estarán seguras, Internet es todavía una red muy débil desde el punto de vista de la seguridad como para dejar sueltos y sin controlar a todos estos dispositivos que de seguro serán presa fácil hasta para el hacker menos experimentado…

SER 3.0 #22

En cualquier caso, a pesar de que hay tantos aspectos por resolver, IoT es ya una realidad, así que mejor que no os perdáis el programa de hoy en el que ponemos todas estas reflexiones sobre la mesa.

Francisco Maciá es doctor Ingeniero en Informática y profesor titular en el Departamento de Tecnología Informática y Computación de la Universidad de Alicante.

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