Domingo, 24 de Enero de 2021

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SER 3.0

La ‘Deep Web’ y la red Tor

Si alguien decide hacer turismo por la internet profunda debe tener presente que el riesgo de encontrarse con alguna situación desagradable, aunque generalmente no ocurra, es totalmente real

Deep Web

Deep Web / Getty Images

El término Deep Web provoca en nosotros tanto miedo como fascinación. Ocurre lo mismo con todo lo que consideramos oculto, prohibido, transgresor, terrible o peligroso. De hecho, si nos fijamos bien, es posible que la mayor parte de los grandes hitos que marcan nuestras vidas los tengamos asociados a un sentimiento de tremenda inquietud junto con una sensación de enorme euforia.

Habrá quien opine que la Deep Web no existe en realidad; otros que no es para tanto; están los que creen que debe existir, pero en un lugar remoto y totalmente oculto para las personas normales; muchos especulan acerca de su peligrosidad y sobre lo degradante, ruin y execrable de sus contenidos y servicios. Seguro que también encontraremos mucha más gente de la que creemos que consideran la Deep Web uno de los pocos espacios de verdadera libertad de acceso y de expresión, lejos de los ojos y de los oídos de gobiernos, un espacio en el que poder hablar y compartir sin reservas, censura o miedo a represalias acerca de cualquier tema que deseen, manteniendo su privacidad y anonimato.

Pues bien, se podría decir que todos están equivocados. Pero también se podría decir que todos están en lo cierto. Solo depende del punto de vista desde el que se analice esta Web.

Un barrio apartado de una ciudad cualquiera, una habitación de hotel, un callejón oscuro, una cabaña de madera perdida en un bosque, o sencillamente nuestra propia casa, los podremos considerar lugares privados que buscaremos si deseamos que nuestras actividades se mantengan en la intimidad o en la discreción. Sin embargo, esto no implica que estas actividades sean ilícitas, peligrosas o denunciables. En principio, solo implica que no nos apetece que nadie ande metiendo las narices en nuestras cosas.

Lo mismo ocurre con la Deep Web: es el lugar perfecto para mantener la información o las actividades de forma discreta y podemos encontrarnos cosas tan banales y extravagantes como servicios privados para los clientes de una empresa; del servicio de salud o de una administración pública; música, series y películas compartidas por usuarios; también antiguas webs abandonadas hace décadas; documentos e informes filtrados en los que se exponen las conspiraciones que está realizando un gobierno o una multinacional; fotos que demuestran que hay vida en la Luna...; hasta cosas realmente sensibles como venta de drogas; armas; acceso a pornografía infantil; contratación de criminales; o material gore que afirman ser auténticos.

Y al igual que cuando hacemos turismo por cualquier gran ciudad evitamos esos barrios apartados, esos callejones oscuros que no salen en las guías, si alguien decide hacer turismo por la Deep Web debe tener presente que el riesgo de encontrarse con alguna situación desagradable, aunque generalmente no ocurra, es totalmente real: descargas que infectarán nuestro equipo con algún virus malicioso o con material ilegal por el que podemos ser denunciados; cientos de estafas; incluso puede que nos topemos con gente a la que no le haga ninguna gracia que estos turistas digitales anden paseando por ahí como si de un zoológico se tratase y que se pueden poner muy desagradables con nosotros.

A pesar de ello, cada día hay cientos de personas que entran por mera curiosidad o puro morbo a la Deep Web. Esto se debe a lo relativamente sencillo que es hacerlo, tanto como lo pueda ser visitar las favelas de Río, por mucho que las embajadas sigan advirtiendo sobre su peligrosidad.

SER 3.0 #25

Pues eso, esta semana profundizaremos en la web para desentrañar sus más ocultos secretos, sus leyendas y sus verdades: hablamos de la Deep Web y del proyecto Tor.

Francisco Maciá es doctor Ingeniero en Informática y profesor titular en el Departamento de Tecnología Informática y Computación de la Universidad de Alicante.

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