Lunes, 16 de Diciembre de 2019

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La Columna

En el Hércules, todo es superlativo absoluto

En eso es un club a la imagen y semejanza de su muñidor

En el Hércules, desde que por allí ronda Enrique Ortiz, todo es superlativo. Y además, superlativo absoluto. En eso es un club a la imagen y semejanza de su muñidor, "la polla insaciable".

La pasada semana conocimos que la justicia europea le concedía a nuestro equipo la "cautelarísima", que no deja de ser una figura jurídica superlativa por la cual, ya les digo que no soy experto en ello, se le concede a una persona o entidad una medida provisional sin consultar a la administración -en este caso la Comisión Europea- y se hace de forma extraordinaria.

En general, los superlativos nos sirven para enfatizar, para que todo sea muy exagerado; o muy bueno y si hablamos del Hércules, sobre todo, muy malo. Como ejemplos, la temporada ha sido paupérrima y la situación económica es delicadísima.

Y ahora llega la cautelarísima que es como lo último de lo último, el clavo ardiendo. ¡Qué barbaridad de club!

Vamos a ver si el nuevo presidente, Quique Hernández, puede trabajar y consigue acabar con esta etapa lugubérrima y misérrima.

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