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Antonio Ballesteros, el coleccionista de plantas de Cuevas de Velasco

Su casa de este pueblo alcarreño es todo un museo del campo y de la vida rural donde guarda también enseres y aparejos de antaño

Antonio Ballesteros junto a su colección de plantas.

Antonio Ballesteros junto a su colección de plantas. / Cadena SER

Antonio Ballesteros tiene 89 años. Nació en Cuevas de Velasco (pedanía que junto a Villar del Maestre forman el municipio conquense de Villar y Velasco) el mismo día que llegó la luz eléctrica al pueblo, algo que le debió aportar una energía y lucidez que le han acompañado a lo largo de su vida. Encontrarse con él en su casona de gruesos muros, y que te invite a entrar en una tarde calurosa de verano, es siempre un alivio. Al fresco de la historia que acumulan esas salas, este hombre de campo va relatando anécdotas de su vida y de sus quehaceres en un pueblo que llegó a tener más de 500 habitantes en el siglo XIX y que ahora son apenas sesenta.

El primer encuentro que mantuvimos con Antonio Ballesteros fue un 12 de noviembre de 2004. Aquella tarde de otoño grabamos un reportaje con él que recuperamos ahora del archivo de SER Cuenca:

Reportaje sobre Antonio Ballesteros emitido en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

El pasado 4 de julio, Cuevas de Velasco apuntó en su padrón a un nuevo vecino, un olmo recién plantado en el hueco que dejó el olmo centenario de la plaza del Olmillo, que se llama así porque “ya en el año 1752 crecía en este espacio urbano el olmo viejo”, según nos cuenta Antonio, que debe saberse de memoria los archivos municipales y parroquiales de las veces que los ha consultado. La Fundación Soliss desarrolla esta labor de repoblar con olmos resistentes a la grafiosis las plazas y olmedas de los pueblos castellanos.

El olmo viejo de Cuevas de Velasco murió en el año 1990. / Antonio Ballesteros (fundacionsoliss.es)

El coleccionista de plantas

Una vida de agricultor, de salir al campo a diario, y una curiosidad innata e insaciable, ha permitido a Antonio Ballesteros convertir su casa en un museo. Por sus estancias se esparce todo lo que se ha ido encontrando a lo largo de los años. De loco le tachaban, dice, pero él seguía trayendo a casa algo nuevo cada día. Su colección de raíces con formas caprichosas muestra un amplio zoológico donde vemos serpientes, setas, dinosaurios, un oso hormiguero, algún avestruz, caballitos de mar, un canguro y una raíz de olmo con la forma de E.T. “el de la película”, dice Antonio.

Antonio Ballesteros en la puerta de su casa en Cuevas de Velasco (Cuenca). / Cadena SER

Antonio sabe tocar el armonio, fue sacristán, tiene publicados varios libros, uno de ellos con la historia de Cuevas de Velasco, escribe poesía y lo hace en un ordenador. Con cerca de 90 años se maneja por internet cual adolescente hiperactivo.

Al entrar a la casona donde vive los meses de verano, “el invierno lo paso en Cuenca que aquí hace mucho frío”, dice, vemos en la pared de la izquierda un gran árbol genealógico de su familia en el que ha recogido “hasta el noveno abuelo”, dice, en una lista que se remonta al año 1600. “Mis tatarabuelos por parte de padre y de madre son los mismos”, nos cuenta, como una curiosidad de familias que se emparentaban con gente del mismo pueblo durante generaciones.

Antonio también trabaja el esparto. Detrás de él, el árbol genealógico de su familia. / Cadena SER

En la cocina, donde un caldero cuelga de sus llares en la chimenea, Antonio guarda en varias estanterías, cual botica dieciochesca, su colección más preciada: más de 400 especies de plantas recogidas de este entorno alcarreño, guardadas en frascos de cristal con su etiqueta correspondiente. Están clasificadas por su nombre vulgar y científico, y anotadas sus propiedades con la dosis estimada para su consumo. Hay de todo. Plantas para el asma, contra el dolor de muelas, para facilitar la menstruación, abortivas, desinfectantes y hasta para expulsar las piedras del riñón. “Menos quince, todas las demás las he recogido en este pueblo”, dice Antonio.

Antonio en su escritorio, donde escribe poesía. / Cadena SER

Este museo guarda más sorpresas porque conserva también otros enseres y aparejos de una casa de labranza. En las cuadras se conservan aún colleras y serones, almudes, barchillas y celemines, arados, azadas y vertederas, tiros de galera, estribos, albardas y costales, colmenas, harneros y cedazos, calderos y cucharas que dan notas musicales, calabazas huecas, pesas antiguas y una bacía de barbero cual yelmo de este Quijote alcarreño que vive sus aventuras por Cuevas de Velasco y que se llama Antonio Ballesteros.

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