Martes, 07 de Diciembre de 2021

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El Estrecho de Priego, el río Escabas y los versos de Diego Jesús Jiménez

El río Escabas “baja lleno de sombras que mi alma conoce”. Así lo describió Diego Jesús Jiménez, el poeta de Priego que fue dos veces Premio Nacional de Poesía

Entre farallones rocosos, el Escabas se abre paso desde la Sierra buscando los más tranquilos páramos alcarreños

Vista panorámica del convento de San Miguel de las Victorias en el Estrecho de Priego (Cuenca).

Vista panorámica del convento de San Miguel de las Victorias en el Estrecho de Priego (Cuenca). / Juan Lozano Canales (www.priego.es)

Desde Cañamares a Priego o desde Priego a Cañamares, como queramos, el Estrecho de Priego es un paraje encajonado entre las rocas por el que se abre paso una carreterita que une las dos localidades en apenas ocho kilómetros. Desde la Sierra a la Alcarria o desde la Alcarria a la Sierra, podemos recorrer uno de los parajes conquenses de mayor valor paisajístico. Por eso de seguir la corriente, saldremos desde Cañamares para acompañar al Escabas en su curso admirando el trabajo del tiempo y el agua que se ha atrevido a pasar por donde no se podía. El río ha abierto una ruta estrechísima entre dos comarcas. Nadie se lo pidió, pero el Escabas hizo honor a su nombre y lamió la roca con sus rápidas aguas hasta crear un barranco profundo por donde esconderse de los rayos del sol y deslizarse a saltos de roca buscando un terreno manso en el que poder descansar.

Estrecho de Priego. / www.priego.es

Conforme avanza la carretera, el terreno amplio de la vega de Cañamares deja atrás las choperas y las huertas de mimbre para encajonarse entre las rocas. Antes, encontramos un viejo molino de harina que utilizó la fuerza de la corriente del Escabas, aquí vertiginosa, para elaborar la base del pan nuestro de cada día. Siguiendo camino y si miramos hacia arriba veremos cómo se elevan los muros naturales de una estrecha hoz coronada por los buitres. De camino a las cumbres discurre la Vía Ferrata de la Hoz de Priego, un recurso de multiaventura de reciente creación ideal para aquellos que no tienen miedo a las alturas.

Vía ferrata de la hoz de Priego. / Multiaventura Buendía (viaferratapriego.es)

Poco después cruzamos un puentecito, ajustado a uno y otro lado del desfiladero, que nos permite cambiar de ribera. Sigue la carretera por la margen derecha del río y pasamos debajo de la roca que se asoman al Escabas por encima de nuestras cabezas. Uno diría que las rocas casi llegan a juntarse allá arriba, un poco antes del cielo.

Lugar este mágico donde podemos recrear la vista y la imaginación y escuchar los versos del poeta pricense Diego Jesús Jiménez:

“Tiene la vieja luz de los nogales,

el resplandor descalzo de los suelos sagrados

donde oscuros aromas de maderas mojadas

habitan su penumbra. Entre el olor amargo

de los mimbres aún verdes y la lluvia, teje la claridad áspera

de la higuera su perfume dormido.”

Pero el Escabas, que es verde como los carrizos y los sauces que le acompañan, que es gris como la roca que le limita y que es azul como el cielo del que se esconde, nos quiere mostrar también los detalles del barranco que escavó.

Cerro de la Degollá, sobre el Estrecho de Priego. / Fernando Carreras (ecoexperience.es)

El convento del Cristo

A mitad de la ladera derecha se abre hueco entre los pinos el convento de San Miguel de las Victorias. Es un edificio de principios del siglo XVIII que sustituye a uno anterior que quedó destruido por una gran roca que se desprendió de la cornisa. Cuentan que lo mandó construir el Conde de Priego, don Fernando Carrillo de Mendoza, tras vencer en la batalla de Lepanto donde había luchado como lugarteniente de don Juan de Austria. Recordando la fecha en que partieron del puerto de Barcelona, el 29 de septiembre de 1571 y haciendo honor al resultado victorioso de aquella cruenta batalla, el convento acabó llamándose así, San Miguel de las Victorias. Este es un lugar devoto de las gentes de la Alcarria, la Sierra y el Campichuelo donde se venera, cada 14 de septiembre, al Santísimo Cristo de la Caridad. Si le apetece visitarlo, desde la carretera del Estrecho sube una senda entre los pinos que, en unos 20 minutos, le dejara en la puerta del convento. Si lo prefiere, desde Priego sube también una carretera asfaltada. Pero volvamos al río.

“Quiero ir a su lado; habitar su silencio de nave abandonada.

Hasta mi alma sola, llega su olor a invierno en los membrillos”.

Vamos dejando atrás las grandes rocas, la hoz se abre y deja paso a las huertas en las riberas. Un poco más adelante aparece ya Priego. La carretera sube unos metros hasta las casas y el río se escapa lamiendo, más abajo, el promontorio rocoso sobre el que se ubica el pueblo. El Escabas sigue su curso, ya tranquilo, en busca del río Guadiela. Se encontrará con él unos kilómetros más adelante, en el paraje de las Juntas.

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