Martes, 28 de Enero de 2020

Otras localidades

Carmen González

‘Mercado, corazón del barrio’

Cuando llego a una ciudad, uno de los lugares que me gusta visitar es su mercado o mercados porque la actividad que en ellos se genera es, sin duda, un reflejo de sus vecinos, de la gente del barrio

Cuando llego a una ciudad, uno de los lugares que me gusta visitar es su mercado o mercados porque la actividad que en ellos se genera es, sin duda, un reflejo de sus vecinos, de la gente del barrio, de la sociedad que configura el día a día de dicha localidad. A pesar de la globalidad, de la proliferación de hipermercados, de las grandes superficies, el mercado tradicional sobrevive -menos mal- a las nuevas costumbres que vienen marcadas por los nuevos ritmos de vida.

Es verdad que en muchas ciudades alguno de estos establecimientos se han visto en la necesidad de transformarse y adecuarse a otros tipos de consumo, acogiendo en sus renovadas instalaciones nuevos sistemas de negocio en la mayoría de los casos como reclamo para el turismo. Pero, por suerte todavía siguen a nuestro alcance numerosos puestos de venta que ofrecen diariamente una gran variedad de productos de la tierra a precios adecuados a todos los bolsillos.

En Algeciras, tenemos un excelente ejemplo: el mercado de la plaza Nuestra Señora de la Palma, cuyas instalaciones, además, fueron declaradas Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía en 2001. De hecho, este edificio y su vanguardista cúpula, diseñada por Eduardo Torroja, ha sido referencia siempre para los estudiantes de Arquitectura. Ahora sus paredes siguen mostrando algunas grietas, hace corriente en invierno y la retirada de residuos no es la más adecuada. Los olores no faltan... pero vayamos a lo positivo.

Me imagino que alguno de ustedes habrá visitado o pasado en alguna ocasión por esta plaza a muy tempranas horas del día. Cuando aún no ha amanecido y muchos vecinos se despiertan o preparan para afrontar el nuevo día, los puestos del mercado ya han ido tomando forma. Mientras, cientos de cajas, llenas de materia prima, se van amontonando y vaciando a medida en que los colores de temporada se van haciendo un hueco en estantes y mostradores. Todavía de noche, y más aún si es invierno, el mercado muestra su cara más íntima.

La ventaja de ir temprano al mercado es que, además de pocos usuarios, se abre ante nosotros todo un mundo de sensaciones. Todo está casi perfecto. Hay mucho para elegir: pescado recién traído de las lonjas, frutas y hortalizas frescas, carnes rojas y blancas etc...

El mercado, tradicionalmente ha cumplido de manera perfecta con el objetivo de acercar y garantizar el abastecimiento de alimentos, pero también el de socialización. Quienes vamos muy frecuentemente al mercado -yo tengo la gran suerte de vivir muy cerca de él- sentimos una enorme empatía hacia muchos de los minoristas que nos ofertan, día tras día, estos productos de primera necesidad. Cuando el mercado “abre sus puertas”, los comerciantes llevan ya sobre sus espaldas muchas horas de trabajo.

El mercado es para muchas personas, especialmente para las de edad más avanzada, un lugar de encuentro vecinal. De charla con el vendedor, al que se conoce desde hace tantos años. Del tendero o tendera que se preocupa por hacer un seguimiento de la enfermedad de algún ser querido de su clientela habitual o de la evolución de los estudios de los nietos.

Los años de crisis han afectado también al mercado y algunos puestos se han tenido que amoldar a las circunstancias. Sin embargo, a pesar de todo, 'la plaza' sigue siendo el corazón de la actividad comercial de esta zona de la ciudad. Cuando sus latidos se apagan, al cierre, el barrio que la acoge se adormece. Pero, esa es otra historia...

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