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Domingo, 22 de Septiembre de 2019

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"La poesía es restrictiva, la copla de carnaval tiene vocación expansiva"

Miguel Ángel García Argüez presenta el libro "Doce pájaros en el alambre"

La portada del libro "Doce pájaros en el alambre" de Miguel Ángel García Argüez ante una imagen de la comparsa Los Prisioneros /

¿Hay poesía en el carnaval? ¿Pueden leerse como literatura las coplas de la fiesta gaditana? ¿Qué siente un poeta cuando se convierte en autor de comparsas? ¿Se devalúa o se crece? Miguel Ángel García Argüez (La Línea (Cádiz), 1969) era escritor antes de conseguir el éxito y reconocimiento con sus comparsas (Los Doce, Los Equilibristas, y Los Prisioneros, en los tres últimos años). Por eso afrontó como un excitante reto la propuesta de Carmen Moreno, impulsora de la editorial Cazador de ratas, para que publicara, bajo el sello Viento Verde, "Doce pájaros en el alambre". En este libro, que se presenta este jueves 20 de septiembre en el café teatro Pay Pay, y que ya va por su segunda edición, afronta este debate de la frontera entre la poesía y el carnaval publicando algunas de las letras que nunca se cantaron en el Falla. Más que frustrados, son versos reivindicados. Reconoce que a muchos los silenciaron "los derroteros de la competición" del concurso. Ahora salen a la luz estos elogios a Cádiz, piropos a la fuerza de las mujeres, denuncias sociales o reflexiones sobre la propia fiesta. Versos que, al leerlos, casi se cantan solos.

Pregunta. ¿Cómo surge este proyecto?

Respuesta. Fue una propuesta de la editora. Me planteó, al hilo de unas cosas que fui escribiendo en Internet sobre letras que se habían quedado en el tintero, que las incorporara a un libro de poesía. Me pareció muy excitante. Primero por dar vida a esas letras que no se cantaron. Y, después, como poeta, soy defensor de los vasos comunicantes de las coplas de carnaval entre la poesía culta y la poesía popular. Y me pareció un experimento interesantísimo.

P. Usted define esta obra como una combinación entre el libro de poesía y el libreto de carnaval. En el prólogo aborda ese debate entre los vínculos de la literatura con el carnaval. ¿Llega a alguna conclusión?

R. No hay conclusiones fáciles de conseguir, porque es un asunto apasionantemente complejo. Solo dejo pequeños apuntes. Pero sí que es verdad que la copla de carnaval como texto literario está entre lo culto y lo popular. Y eso es lo que la hace fascinante.

P. El libro reúne letras nunca cantadas en el Falla. Al final, en los comentarios de texto, explica por qué algunas de ellas se quedaron fuera del concurso. En algunas se asume con naturalidad, en otras se atisba cierto reproche. ¿Al autor le puede llegar a doler que se imponga la "democracia" del grupo?

R. Bueno, no sé si en algún momento da la sensación de reproche. No lo hay. Todo se decide en el grupo, aunque el autor sea el dueño del libreto y el texto. Pero la competición es patrimonio de todos. Hay veces que no hay acuerdo porque piensas que una letra es muy buena, pero el grupo, con buen criterio, piensa que no es competitiva. No siempre es lo mismo una letra competitiva que buena. Y hay veces que por narcisismo queremos que se canten nuestras mejores letras. Ahí hay una negociación muy rica entre el grupo y el autor. Yo creo que eso pasa en más grupos. Y, si no, debería pasar en todos.

P. En el libro admite que algunas de estas letras inéditas ni siquiera se las enseñó al grupo. ¿Daba por hecho que se las iban a rechazar?

R. No porque me las fueran a rechazar, sino porque uno puede reconocer que una letra pueda estar de lujo, pero también sabe que no es competitiva. Porque viendo cómo está el concurso sabemos que necesitamos una letra de impacto. Tampoco te puedes abstraer ni estar en una torre de marfil. Yo vivo la competición con pasión y escucho con fruición a los rivales. Es un deporte maravilloso, en realidad.

P. Al final, también el autor tiene que saber cómo competir.

R. Claro, como aficionado sigo el concurso desde hace mucho tiempo. Tengo además un grupo que está de vuelta del concurso, que ha saboreado las mieles del éxito y las hieles del fracaso, gente con una experiencia como Ángel (Subiela), Carlos (Brihuega) o Pacoli. Pero, incluso, es maravilloso comprobar cómo lo siguen viviendo como principiantes, con sus miedos y dudas. 

P. ¿Qué diría que ha aprendido en el carnaval de Cádiz?

R. Es una pregunta muy grande. Para mí el carnaval es una escuela de vida. He aprendido a aplicar muchas resoluciones de conflictos gracias a la convivencia, el trabajo en equipo, la convivencia con egos... El carnaval es un pequeño banco de experimentos en el que ha aprendido mucho, cosas que he aplicado a mi vida. Desde el punto de vista de la literatura, he aprendido que el carnaval tiene vocación de generosidad. Yo amo profundamente la poesía, pero es restrictiva. Tiene una vocación minoritaria, reservada para gente iniciada, que entienda. La copla de carnaval tiene una vocación expansiva. Hay que intentar llegar a la mayor gente posible sin, por eso, vulgarizar la copla.

P. Esta semana Jesús Silva, componente de la comparsa, reclamaba en un tuit el nombre del próximo año. ¿Ya lo tienen?

R. No hay prisa. Estamos madurando la idea. La idea está clara, lo que estamos es madurando el nombre y cómo plantearlo. Siempre se ha esperado a última hora, incluso hasta ver la lista de inscritos. Ahora está de moda hacer una presentación oficial del nombre, pero hay que tomarse las cosas con calma.

P. ¿Y ya tiene alguna letra susceptible de aparecer en otro libro de coplas inéditas?

R. Todavía no (se ríe). Saldrán, seguro, porque siempre escribes más de lo que necesitas, para tener más cartas. El concurso es muy difícil y el nivel de las comparsas es muy exigente, de muy alto nivel. Siempre hay que tener muchas letras. De momento, estamos tanteando solo. Tengo escrita la presentación básicamente. Para aclarar el tipo y tener el concepto en la cabeza.

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