República de las letras

La opinión de Juan Miguel Alonso
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León
Las cosas como son. El solar legionario está hecho unos zorros, y recibe los santos óleos día sí y día también, pero somos una potencia literaria. Sólo en los últimos meses, y que me perdone algún agraciado si impunemente lo dejo en el olvido, Juan Carlos Vázquez ha recibido el Premio Felipe Trigo de novela y Tomas Sánchez Santiago el Tigre Juan, a Enrique Santiago Viñas le dieron el Antonio González de Lama de poesía, a Antonio Manilla el Generación del 27 y a Alba Flores Robla le honraron con el Ojo Crítico de Poesía. Jugamos, pues, la Champios League de las Letras, y hay aquí más cantera que en la Masía.
No hay semana en el calendario donde no haya un par de presentaciones al menos, los eventos literarios y los filandones son hoja perenne en este páramo, y algunos locos divinos se reúnen con tenacidad insuperable para recitar sus poemas en el ágora de San Marcos o para conspirar en la logia libresca del Manual de Ultramarinos.
El maestro Paco Flecha nos previno hace unos días de que "Ya no queda industria, minería, ganadería y casi ya ni gente, pero podemos exportar literatos". Lo dijo con esa retranca tan suya y de Pereira, tan nuestra, que encierra el sonido de las verdades dolorosas.
Pero lo cierto es que, aparte de las vanidades y los egos que siempre acompañan estas danzas, escribir exige detenimiento ( en tiempos de prisas), esfuerzo (cuando tanto se premia la indolencia ), generosidad para entregar lo mejor de nosotros mismos y valentía, porque toda escritura implica un quedarse en cueros que no es fácil, y menos aún en esta Siberia interior en que habitamos.
Por eso, a veces, me gusta tanto caminar por la calles e imaginarme al personal con un libro en la mano y en pelotas.




