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"Qué grande eres, y serás, Pedro Soler"

El periodismo era él: renegaba de los gabinetes de prensa, nunca copió y pegó y no pedía permiso, simplemente contaba cosas

Pedro Soler pasea por la calle Trapería de Murcia /

Tuithistoria Pedro Soler

Una vez le fotografió el coche de Google Maps con su sombrero y su bandolera por las calles de Murcia. Quedó ahí, retratado, como una escultura de Campillo o un cuadro de Gaya. Un símbolo con barba, sombrero y la voz quebrada de esta ciudad.

Todos recuerdan hoy su insulto cariñoso y su descaro. Su sonrisa de medio lado y su risa, que se entremezclaba con sus cosas de cascarrabias. "Inútil", te decía, "zascandil", añadía, "rascayú", solía decir. Aunque esto último no era exactamente un insulto, el lo decía con la mayor mala leche posible.

Y tú te reías porque el tío había dado en el clavo. Todos somos inútiles en algo, al fin y al cabo, Pedro, pero era necesario que tú nos lo dijeras. Al final, gracias a eso, aprendí a usar el taladro en casa. Ya no hace falta que vengas a casa a colgarnos un cuadro.

Le gustaban las películas de vaqueros y la tarta de chocolate. No hay camarero que no le haya sufrido y amado en esta ciudad: el mejor restaurante y el quería "más pan", unas cocochas para su hijo, y unos huevos fritos con patatas para él. Ahora JuanPe hereda lo de pedir este plato. Es una enorme responsabilidad. Nunca reírse del camarero, siempre reírse -desde el respeto y el humor a partes iguales- con él. Eso es un arte.

Me enseñó a coger el teléfono con un "¿Qué coño quieres?" o "¿Dónde capullo estás"?, fuese quien fuese. No hacía falta el hola, ni el buenas tardes. A la única que le hacía carantoñas al descolgar era a su pequeña Mar, seguramente por ser un pequeño reflejo de su mujer y su hija. Te iba a decir, Pedro, que las cuidaré a las tres por ti, pero no va a hacer falta: son tan fuertes que me cuidan ellas a mí.

A menudo me decía "Javi, Murcia no sabe lo que hay en su archivo, hay que meterse ahí y sacar todo eso". Y creo que clamaba en el desierto. Hagan algo con eso, leñe, que lo decía Pedro Soler.

Y luego está cuando hablábamos de periodismo. Tengo mil historias, como su último día de becario en el Línea y que fue la policía a su casa por lo que había escrito.

Sin embargo, nunca olvidaré el día que volví de la cobertura de las inundaciones de Lorca y Puerto lumbreras. Yo, sudando la gota gorda para competir con las redes sociales y el multimedia, y él me contó cómo cubrió las del 73, casi 50 años antes. Con una linterna, un coche y desde el ayuntamiento de Puerto Lumbreras lleno de ataúdes para una edición especial de La Verdad, su periodico, al día siguiente.

El periodismo era él: renegaba de los gabinetes de prensa, nunca copió y pegó y no pedía permiso, simplemente contaba cosas. Qué grande y qué inútil eres y serás, Pedro Soler Gómez.

Javi Ruiz

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Cadena SER

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