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Lunes, 27 de Enero de 2020

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'Las pequeñas cosas'

Afrontamos la autoimpuesta obligación de replantearnos muchas cosas y de repetirnos como un mantra que este nuevo año, definitivamente, vamos a hacer tal o cual cosa

Acabamos de comenzar 2019 y como casi siempre ocurre, al igual que cuando termina el verano, afrontamos la autoimpuesta obligación de replantearnos muchas cosas y de repetirnos como un mantra que este nuevo año, definitivamente, vamos a hacer tal o cual cosa. Sin duda, y como ejemplo, nos prometemos que vamos a ir a un gimnasio; que vamos a retomar las clases de inglés; que vamos a intentar afrontar algún tipo de dieta más sana y equilibrada; o que haremos todo lo posible por volver a abrir ese libro del que no pudimos pasar de la página 20, como mucho. ¡Ah!, también, a veces, decidimos dejar de fumar.

Pues no, ¿para qué? ¿Por qué voy a perder el tiempo en prometerme hacer cosas que, al final, nunca cumpliré por pereza, porque realmente no me gustan o porque a fin de cuentas no hacen que me sienta feliz? No digo que no nos planteemos objetivos. Todo lo contrario. Hay que ponerse metas que nos ilusionen, que nos hagan superarnos, pero siempre y cuando confiemos en que vamos a ser capaces de afrontar dichos retos sin agobiarnos por ello.

De hecho, no es malo fracasar, pero hay que aprender de los errores y seguir adelante. "Todas las batallas en la vida sirven para enseñarnos algo, inclusive las que perdemos", dice Paulo Coelho en su obra 'La quinta montaña'. Acertemos o erremos, lo importante es seguir adelante disfrutando de las pequeñas cosas que nos da la vida. Con la edad se aprende a valorar cada vez más esos pequeños detalles que nos rodean día a día. Te das cuenta de que se puede ser más feliz apreciando lo que uno tiene que deseando en exceso lo que no se posee. Y, sobre todo, pudiendo compartirlo con otras personas.

A veces la vida se vuelve cuesta arriba pero esto te sirve para valorar lo que realmente merece la pena y piensas que tienes mucha suerte... porque abres los ojos y la mente y te das cuenta de que hay muchas personas que son consideradas de tercera o incluso cuarta categoría por el hecho de haber nacido en un lugar determinado. Por haber caído en el considerado "lado malo de la balanza" y por tener que depender, en momentos críticos de la vida, de gente despreciable, egoísta y sin la mínima decencia. Gente que mira para otro lado mientras seres humanos se juegan la vida en el mar. Gente que actúa desde el más duro posicionamiento xenófobo y homófobo.

Corren aires de intolerancia. Ese mal que hace odiar al diferente, que por el solo hecho de serlo representa un maravilloso valor añadido a la diversidad. Termino, no sin antes decir que espero que no se dé un paso atrás en cuanto a la Ley de Violencia de Género. Las mujeres siguen muriendo y siguen siendo violadas.

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