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Lunes, 29 de Noviembre de 2021

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Juan Barreno

'El Ocaso'

Cuando yo era un niño jugaba en la calle, igual que todos los niños de Algeciras

Cuando yo era un niño jugaba en la calle, igual que todos los niños de Algeciras. Los juegos infantiles solo se veían interrumpidos cuando pasaba uno de los pocos coches que había en la ciudad, o cuando se veía venir a un guardia, al grito avisador de Keu, Keu, que nunca supe qué quería decir, pero que era la señal de que venía alguien dispuesto a llamarnos la atención o a quitarnos la pelota, si no éramos capaces de esconderla.

Pero en la calle de los años 60, sucedía algo que me llamaba mucho la atención, y era cuando aparecía por la esquina un señor moreno, con el pelo hacia atrás, que portaba una gruesa maleta en la mano derecha, entonces todos los niños al verlo decían, el Ocaso, el Ocaso, ahí viene el Ocaso y corrían a sus casas para avisar a sus familias. Lejos de entender que el Ocaso era una compañía de seguros, para nosotros el Ocaso era aquel señor, que en su maleta portaba los recibos que mensualmente tenía que cobrar en mano, a prácticamente todos los vecinos de la calle, pues entonces nadie sabía de pagos por bancos, pero había algo que la gente no estaba dispuesta a dejar de pagar, que era el derecho a ser dignamente enterrado cuando falleciera, y de eso se encargaba aquel señor que todos los meses aparecía por una esquina de la calle Baluarte donde yo nací, al que todos los niños, sin saberlo, le pusimos el nombre de la compañía de seguros que representaba.

Muchos años más tarde, cuando ya era un adulto casado y con hijos, me encontraba en el hospital despidiendo a mi padre de este mundo, y pude ver que en la habitación de al lado había otro señor en las mismas circunstancias que mi padre, al asomarme comprobé que se trataba de "el Ocaso", aquel señor ya muy mayor, icono de mi infancia, sobre el que me pregunté muchas veces que si se moría en aquellos tiempos, quién sería el encargado de que lo enterraran.

No sé si fue entonces cuando llegué a comprender realmente que la vida se acaba para todo el mundo, incluso hasta para los que se encargan del trabajo de recogernos después de la muerte.

Quiero finalizar recordando como hago cada año, que ayer hizo 20 años de la muerte de mi amigo Rafael Pérez de Vargas López, un prestigioso abogado muy comprometido con la sociedad en general y con Algeciras.

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