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Todo un Capricho en Madrid

El parque de El Capricho es el único jardín romántico con que cuenta la ciudad. Toda una joya cuya historia alberga momentos de sofisticación y decadencia, de vida y muerte, como la defendía la propia naturaleza del movimiento romántico que le vio nacer en el siglo XIX

Casi tarda más tiempo en construirse que el propio Escorial, pero en el Parque de
El Capricho, mereció la pena los esfuerzos que se hicieron para crear esta joya
con la que hoy disfruta la ciudad y que cuenta con una historia increíble.
Se trata, como el nombre indica, de un capricho de la duquesa de Osuna, María
Josefa de Pimentel, quien entre 1787 y 1839 mandó cubrir estas 14 hectáreas de
lo que hoy es la Alameda de Osuna con el único jardín romántico que conserva la
ciudad. Realmente se desconoce cuál fue la razón por la que la duquesa lo mandó
levantar en este espacio. En el podcast damos algunas claves para poder
entenderlo. No obstante, pronto se convirtió en uno de los enclaves de la
sociedad madrileña, con recovecos que aún cautivan al visitante. La plaza de los
Emperadores, repleta de retratos de emperadores romanos, o el templete de Baco,
situado en lo alto de una pequeña loma, son solo algunos de los numerosísimos
lugares con que cuenta este enorme jardín.

Un Capricho siniestro
Además de ser bunker del lado republicano durante la Guerra Civil, la historia de
sus edificios y jardines ha servido para el rodaje de películas, algunas de ellas de
terror. Uno de esos espacios siniestros es el salón de Baile, un quiosco en medio
del jardín rodeado de un estanque en el que la siniestra figura de un jabalí
observa con desconfianza al que se acerca al edificio. Ese espacio era el palacete del conde Drácula en la película de Paul Naschy El gran amor del conde Drácula.

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