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Jueves, 21 de Noviembre de 2019

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Belmonte: "Los méritos de Juan de la Cierva y, sobre todo, su relación con la aeronáutica son más que suficientes"

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¿Aeropuerto de Corvera o “Juan de la Cierva”?

Como para mear y no echar gota, que se dice en estos casos. El recién inaugurado aeropuerto de Corvera, que ha tardado siglos, y mucho dinero del bolsillo de los murcianos, en ponerse en funcionamiento, gracias a la llamada Ley de Memoria Histórica, no puede llamarse, como todos deseábamos, “Juan de la Cierva”, sin duda uno de los personajes más ilustres y representativos de la ya larga historia de esta Región sobre la que parecen sobrevolar todos los demonios.

Es cierto que de la Cierva fue, según se cuenta en los libros de Historia, quien proporcionó a Franco el famoso “Dragon Rapide”, el avión que utilizó el general golpista para viajar desde Las Palmas a Tetuán al inicio de la Guerra Civil.

La participación de Juan de la Cierva en la contienda española fue prácticamente nula. Entre otras cosas, porque murió el 21 de septiembre de 1936 en el interior de un avión que iba desde Londres hasta Amsterdam, y que, desgraciadamente, terminó incendiándose en el despegue.

Los méritos de Juan de la Cierva y, sobre todo, su relación con la aeronáutica son más que suficientes para que un aeropuerto, que nació con el paso cambiado, lleve su nombre.

Es de cultura general el hecho de que Juan de la Cierva, a pesar de haber vivido tan sólo 41 años, fue uno de los científicos más reputados de la Europa de su tiempo, hasta el punto de lograr inventar el llamado “Autogiro”, que fue el precursor del actual helicóptero.

Resulta chocante y paradójico que ya exista, y nadie haya levantado la liebre, un colegio público de Infantil y Primaria llamado Juan de la Cierva en Casillas y un instituto de educación secundaria llamado “Ingeniero de la Cierva”, donde estuve de profesor durante dos años, en la pedanía de Patiño. Lo dicho: como para mear y no echar gota.

Es, si me permiten la comparación, como si los genoveses, cuyo pequeño aeropuerto lleva el nombre de Cristóbal Colón, decidieran borrar su nombre del mapa porque su descubrimiento llevó consigo el que los españoles transmitieran la gripe y la sífilis a los americanos.

Lo de Murcia no tiene nombre. Y a quijotes no hay quien nos gane.

Con todo, estos días he echado mucho de menos el que los políticos murcianos, de uno y otro signo, pero muy especialmente los que ahora nos gobiernan, no salieran a la palestra a defender, a capa y espada, con vehemencia, el ilustre nombre de uno de los hijos más preclaros de esta Región.

Pepe Belmonte

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