¡Real frustración!
Pésimo partido de la Real Sociedad en Anoeta que le sirve para sumar sólo un punto contra el colista Huesca (0-0). Los donostiarradas tuvieron un 70% de posesión y casi no tiraron a puerta

Willian José no llega a un balón despejado por Insúa / Javier Etxezarreta (EFE)

San Sebastián
Reparto de puntos entre la Real y el Huesca en un partido que no será recordado por las generaciones futuras. Bueno, quizá si, por lo rematadamente malo que fue, especialmente en la segunda parte. Reparto de puntos con doble lectura, pero que la realidad es que sirve de muy poco para ambos equipos. Los txuri-urdin siguen sin dar ese pasito en Anoeta que les permita engancharse a la lucha por Europa, y a los altoragoneses, por mucho que se deba valorar un empate con portería a cero fuera de casa, lo que les hace faltan son victorias, tan lejos como están de los puestos que tiene premio de salvación. Fue un partido frustrante para los realistas, porque le pusieron muchas ganas y mucha alma, pero nada de fútbol, nada de claridad, tomando decisiones equivocadas, especialmente en los metros finales. Pero el muro del Huesca se les hizo inmenso, eterno, imposible de derribar. Los oscenses se defendieron con mucha solidez y solvencia, tapando todas las vías de escape de la Real, con su nueva defensa de cinco, e incluso en la primera parte tuvieron las mejores ocasiones para haberse llevado encima los tres puntos. Tarde para olvidar con dos equipos que acabaron con más miedo a perder el punto del 0-0 que a lograr el premio gordo de los tres puntos. Mejor dicho, el Huesca tuvo miedo a perder al final y no perdió; la Real tuvo miedo a ganar, y no ganó.
El partido comenzó como se esperaba, con la Real Sociedad tratando de llevar la iniciativa y con el Huesca de forma descarada esperando a la contra, con una defensa de cinco y carrileros largos para hacer daño a la espalda de los laterales del equipo donostiarra. De inicio, a la Real le costaba llegar con peligro a la portería de Santamaría, a pesar de que prácticamente monopolizaba la pelota. Y los de Francisco, con la idea de cerrar primero su portería, también adolecían de presencia cerca del área de la portería defendida por Rulli. Y eso que tenían pólvora con el Cucho Hernández y Enric Gallego, cuya presencia arriba condiciona cualquier defensa, demostrando que tiene sitio también en Primera tras haber brillado en la categoría de plata en la categoría de plata. Pero poco a poco se fueron encontrando sobre el césped de Anoeta, entraron en juego y conectaron con tanto peligro que cada vez que corrían para salir rápido al contragolpe generaban incertidumbre sobre la meta de Rulli. Fue el Cucho el más activo en esa primera mitad, primero buscando los demarques de Enric Gallego y después con un disparo raso ante el que tuvo que responder con una mano soberbia el meta argentino de la Real. Antes, Miramón había dejado temblando el poste de la portería realista. La Real monopolizaba la pelota, pero era el Huesca quien generaba peligro de verdad. Porque en los realistas hubo muy poca presencia en el área de los altoaragoneses, salvo algo de Sandro, que lo intentaba desde la derecha y la izquierda, y un par de disparos aislados de Merino que se fueron rozando la cepa del poste de Santamaría.
Todo lo bueno del partido ocurrió en la primera parte, porque tras el descanso cayó en una desidia absoluta, sin prácticamente fútbol, con una Real Sociedad que hizo un ejercicio absoluto de impotencia y un Huesca que renunció al ataque para centrarse en defender con su zaga de cinco jugadores el punto que le permitía dar un pequeño paso hacia el milagro de la permanencia. La Real tuvo más que en la primera parte el balón, pero no fue capaz de hacer nada un 70% de posesión, muy horizontal, demasiado lento en la circulación, con constantes imprecisiones en los metros finales y sin ningún acercamiento de peligro sobre la portería de un Santamaría que tuvo seguramente uno de los partidos más cómodos que recuerda en su carrera. Sandro está totalmente negado aunque lo intente, Oyarzabal tuvo una tarde negra, Willian José no tuvo ocasiones, Januzaj quiso poner magia, pero no le salía nada, Juanmi salió muy tarde y los centrocampistas querían el balón, pero no eran capaces de darle velocidad. Los jugadores realistas acabaron frustrados, igual que la grada, porque se enredaron en la tela de araña planteada por el Huesca, que defendió muy bien su pequeño botín y que fue capaz de desarticular cualquier atisbo de lucidez realista. Y claro, con el corazón, y sin ideas, es muy difícil ganar partidos.

Roberto Ramajo
Entro en el grupo en 2002 como redactor de prácticas. En 2005 se incorporó a la redacción en Gipuzkoa...




