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Viernes, 14 de Agosto de 2020

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Mario Ocaña

'Julen'

La muerte de un niño es siempre una pena grande. Una pena negra, que diría el poeta. La muerte de un niño es la muerte de la inocencia y de la esperanza

La muerte de un niño es siempre una pena grande. Una pena negra, que diría el poeta. La muerte de un niño es la muerte de la inocencia y de la esperanza.

Ahora solo queda consolar a los padres deshechos de Julen, abrazar a todos los hombres y mujeres que han hecho lo imposible por ganarle la partida al destino: a la policia, a la Guadia Civil, a los mineros, a los psicólogos; aplaudir al pueblo de Totalán por su abrazo solidario y permanente durante los días del drama y, por último, rogar a los que se apovechan de las desgracias ajenas para ocupar espacio en los medios de comunicación que, si son capaces, dejen de comportarse como carroñeros.

La muerte de Julen – su mala suerte y la de los miembros de su familia – ha mantenido a España con el corazón en un puño, obligándonos cada mañana a doparnos de fe para seguir esperando el milagro que nunca se produjo, a pesar del esfuerzo, a pesar de que las esperanzas se iban diluyendo a medida que el tiempo pasaba.

Me pregunto, ante situaciones tan tristes como esta, con cuantas varas de medir entendemos y aceptamos el mundo en que vivimos y la muerte de los otros. Contemplamos a diario el sufrimiento humano tan de cerca que, de tan cotidiano, parece insensibilizarnos y una muerte, terible y descarnada,nos hace olvidarnos de otras miles con la misma apariencia.

Si los medios de comunicación prestaran una parte de su atención al sufrimiento de los niños que huyen de las guerras, que pasan hambre a diario, que no tienen acceso a la educación o a la sanidad, que mueren apenas después de haber nacido, que son víctimas de explotación laboral o sexual, que aparecen ahogados en las orillas de las playas de Oriente y Occidente, quizás entonces seríamos capaces de mejorar su situación, acogerlos, darles una oportunidad en la vida y sentirnos orgullosos de haber contribuido a salvar la vida de un niño.

Descansen en paz todos los niños y niñas que mueren inocentes en este mundo, que muchas veces prefiere mirar hacia otro lado, antes que buscar las formas de solucionar tanto sufrimiento humano.

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