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Autos de Fe

Sólo mencionar la palabra Inquisición nos hace sentir un escalofrío. Las hogueras con los reos quemándose surgen en nuestra imaginación. Madrid fue un importante centro de esos macabros espectáculos, cuyo acto central era el "auto de fe"

Francisco Rizi, Auto de fe en la plaza Mayor de Madrid /

La Inquisición

La Inquisición española o Tribunal del Santo Oficio nació en 1478. La fundaron los Reyes Católicos para mantener la ortodoxia religiosa en sus reinos, aunque no es una creación española. Existen precedentes, como la Inquisición Episcopal, creada a finales del siglo XII por el papa Lucio III.

Tortura

La Inquisición utilizó la tortura en los interrogatorios de los acusados. Se aplicó sobre todo contra los judíos y los protestantes. La tortura en sí misma no era un castigo, sino un medio para obtener la confesión del acusado. Los procedimientos de tortura más empleados fueron la garrucha, la toca y el potro. La garrucha consistía en colgar al reo con una cuerda atada a las muñecas, izarlo y soltarlo para descoyuntar sus miembros. En la toca se ataba al acusado a una superficie inclinada con la cabeza hacia abajo, se le introducía un paño en la boca y se le obligaba a beber agua para hacerle sentir que se ahogaba. En el potro se apretaban con cuerdas, hasta que herían las carne, las muñecas y los tobillos del acusado.

La condena

El máximo castigo para un acusado era la “relajación al brazo secular”, que significaba morir en la hoguera, en un acto público. Si el condenado se arrepentía de sus pecados, se le estrangulaba antes de quemarlo. Si no, se le quemaba vivo. Los huidos o juzgados sin estar presentes eran quemados en efigie.

El auto de fe

Las ceremonias en que se representaba el poder de la Inquisición sobre los condenados eran los “autos de fe”. En Madrid se realizaron numerosos de estos actos en la Plaza Mayor, pero las ejecuciones no se llevaban a cabo allí, sino después de su finalización y en un lugar apartado, para evitar los humos y los olores a carne quemada.

Los quemaderos de Madrid

El primero quemadero de la Inquisición estuvo cerca de la actual Puerta de Alcalá. Más tarde, a medida que la ciudad crecía, el quemadero se trasladó a lo que hoy es la Glorieta de Ruiz Giménez, entonces las afueras de Madrid. También la plaza de la Cruz Verde fue utilizada. De hecho, su nombre viene de la cruz del Santo Oficio, presente en su escudo.

El sambenito

Este nombre, que aún hoy está en nuestro lenguaje, viene de la Inquisición. A los condenados se les hacía llevar una especie de saco con llamas pintas y un capirote. Era un modo de identificarlos y de hacer escarnio de ellos. Cuando la pena no era de hoguera, debían llevarlo, sin las llamas, durante un cierto periodo de tiempo.

 Final de la Inquisición

La Inquisición española no se abolió de hecho hasta 1834, aunque ya se había aprobado acabar con ella en las Cortes de Cádiz de 1812. Durante el siglo XIX su actuación fue muy escasa, aunque también tiene una parte de “leyenda negra”: cuando las tropas francesas de Napoleón ocuparon Madrid, contaron fantasías terribles de conventos con salas de tortura y calabozos. Cosa imposible, porque la Inquisición nunca tuvo esas instalaciones propias.

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