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Los engarces espaciales le ganaron la batalla al lirismo en voz baja de Zahara

Crónica del concierto de la cantante en Granada

Zahara en concierto en Granada /

Que Zahara es extraterrestre y descendió de los cielos infinitos justo en la espléndida Sala Industrial Copera de Granada el pasado viernes, quedo empíricamente constatado desde que comenzó a sonar ese tema para la historia de la música que es "Space Oddity" de David Bowie, anunciando su salida al amplio y acertadamente alto escenario de la sala granadina, seguida sin solución de continuidad por la banda sonora del opening de la serie Expediente X para dar paso a cuatro músicos (guitarra tímida; batería y bajo contundentes; teclados amenazantes) y una diva vestidos con rigurosos monos espaciales plateados, imprescindibles para dar cuerpo y alma a su gira "Astronauta".

Eran las 22:20 h cuando se produjo esta especie de alunizaje alucinante que Zahara afrontó con una acústica poco protagonista y un tanto muda en sus manos ante un vendaval de sonido psicodélico y hasta psicotrópico en el que fue obvio que la apuesta de tamaña empresa estaba mucho más concentrada en la fuerza de los teclados y de la base rítmica que en la voz angelical de Zahara. Los engarces espaciales ganaron la batalla al lirismo en voz baja.

Y es que Zahara estaba de vuelta en "su" Granada adoptiva a través del tema "David Duchovny", ciudad en la que se formó como música y donde afrontó sus primigenias presencias en los escenarios de La Tertulia, El Pícaro, Sugar Pop, Planta Baja o El Tren... demostrando una vez más que Zahara y Granada siguen teniendo una historia de amor recíproca desde la noche de los tiempos.

Afirmó en el escenario haber perdido su acento andaluz para ganar uno "mucho más absurdo", pero se comprometió y confesó que ello jamás le ha impedido considerar a ese trozo de Andalucía llamado Granada como su hogar y como la escuela donde aprendió toda la música que atesora, "de una ciudad de la que nunca he terminado de irme", explicó en escena.

No todo iba a ser paroxismo psicodélico teclista en aquella gloriosa noche, y también hubo momentos para bajar el pistón y recrearse en algunos tiempos medios para reducir la tensión ambiental de una sala mucho más que abarrotada, no solo por adultos, sino también por un número interesante de menores de edad entregados por igual a la magia adulta de Zahara, entre preciosos focos amarillos o practicando el éxtasis cuasi-levitatorio bajo la vibración de espaciales luces blancas. Momentos intermedios como el del tema "Tú y yo" que canta en su trabajo discográfico con Santi Balmes (Love of Lesbian).

Tuvo episodios para demostrar que bailar también es marca de la casa de la cantante de Úbeda, incluso seduciendo con sus movimientos a su propia guitarra acústica, compañera poco destacada pero constante en su presencia sobre el escenario de la Copera.

Y se bajó el telón, para que durante unos minutos se proyectara una escena de Expediente X sobre el mismo y nos descubriera al elevarse a una Zahara que había cambiado los tonos plateados de su atuendo por un mono rojo con mucho brillo, más seductor y menos espacial, para la segunda parte de su concierto. Era el momento más intimista, donde los teclados y la base rítmica dejaron de atronar y nos permitieron descansar los oídos y descubrir a una Zahara mucho más recogida y minimalista, más seductora, simplemente con una guitarra en sus manos y una voz por bandera, marcando sin duda el mejor momento de la noche. Desde su hilarante monólogo explicativo sobre los orígenes de "Hasta mañana", canción parida entre chorros siempre ocupados de un balneario de Jaraba (Aragón) tomado por ancianos bailarines, hasta esa versión acústica del opening de la serie Narcos, celebradísima por el público asistente y sin duda arrebatadora.

"Si eres tan inteligente que nadie puede entenderte no sirve de nada" atronó la aterciopelada voz de Zahara mientras dejaba llegar la tercera canción acústica y perfectamente audible de la noche, esa con la que toda cantante tiene una dolorosa relación y que estrenara en La Tertulia algún lejano año en el que Zahara quiso "que no dejes de estrujarme y que juguemos a ser dos gatos que no se quieren dormir".

El concierto estaba tocando a su fin y tornó a electrónico para expirar y para que granadinos (y una buena parte de Úbeda desplazada a la Copera) pudieran despedirse de su musa bailando frenéticamente para acabar con "aquel letargo sin fin". Renunciando a los bises, a los que la cantante denominó expresamente "folletá de entrar y salir para que el público pida otra", sonó "La bestia", quizás como metáfora de lo sucedido en aquel escenario, mientras Zahara bajaba del escenario a enloquecer bailando con su público convulsionada por esa otra alma "zahariense" tecno que también lleva dentro.

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Cadena SER

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