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Del disfraz al tipo: la transformación de 'Los Carnívales'

Como si de una forma de evolucionar se tratare de los talleres de Odriozola a la nave de Achicarte, se transforma un tipo minuciosamente estudiado para representar una obra de arte

Nada es casual. El azar se deja para otras cuestiones y no para un tipo de una comparsa como la de Martínez Ares. Si bien ‘El perro andalú’ tuvo un significado mucho más crítico y con hilo directo con el repertorio, en el caso de ‘Los Carnívales’ es más sencillo, pero no menos complejo.

Presenta la comparsa varios personajes y cada uno de ellos tiene detalles minuciosamente estudiados para adecuarse a la idea que tenía tanto el autor como el director de la comparsa. “Este año no hay ni trampa ni cartón”, comenta Martínez Ares con cierta sorna cuando se le pregunta por el tipo, para explicarlo muy brevemente: “carnavaleros caníbales”.

En esta obra intervienen, al margen de los antes citados, tres partes bien marcadas: sastre, artesano y maquillaje. De los talleres de Odriozola salieron los disfraces y de la nave de Achicarte, el tipo. Ese paso entre las telas cosidas y el personaje que representa, se crea partiendo de un concepto “postapocalíptico carnavalero”, como cuenta para Radio Cádiz el artesano Juan Diego Aragón, donde el personaje se va creando “a medida que se va comiendo gente relacionada con el Carnaval”.

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Cada tipo de la comparsa tiene una personalidad concreta, más allá de lo que vaya representando. Al margen de ser indios, soldados, ángeles o mejicanos, “cada personaje se va creando a sí mismo con lo que se va comiendo”, en sentido figurado, por supuesto. “El mango del cocinero está hecho de huesos, las cabezas reducidas tras succionar los cerebros, esqueletos de manos para crear los enganches…”

Detalles estudiados

Para Juandi era importante que la gente no sintiera rechazo al ver los tipos –que no deja de ser un concepto gore-, por ello han utilizado colores llamativos en vez de la sangre. “Nos gusta trabajar la ironía y por eso llevamos al tipo elementos muy de Cádiz, como las cartucheras del mejicano, que en realidad son dos babuchas”, resalta el artesano.

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Existen otros detalles como la bandurria del arlequín, emulando una caja torácica; las telas que se asemejan a las extremidades y los intestinos que están hechos de tiras de serpentina. Este contraste es muy gaditano, comenta Aragón, “enseñamos algo macabro, pero bonito y sensible a la vez”.

También hay pequeños homenajes, licencia que se han tomado los artesanos, en elementos como por ejemplo la corona del ángel –que encarna Geni Cheza- y simboliza la corona de mojarritas que llevaba Fernando Quiñones cuando dio su pregón.

El tótem del veneno

Entre los elementos de atrezo de la comparsa ‘Los Carnívales’ se halla un tótem o monolito de alabanza, formado por esqueletos con elementos identificativos del Carnaval. La intención, según cuentan desde Achicarte, es simbolizar el veneno del Concurso, donde los primeros aficionados van subiendo escalafones a medida que en ellos crece la envidia en la competición.

En la cúspide se refleja el que gana el primer premio, que es el que se come la cabeza del enemigo y es la meta a la que todos aspiran a llegar. Esto se refleja con carabelas escalando ese tótem, que se pisan, se dan puñaladas, incluso se estrangulan. “Se trata de la maldad en el Carnaval, el veneno, que aunque nos cueste trabajo reconocerlo”, apunta Juandi, “por desgracia, existe”. En definitiva, el canibalismo carnavalero.

En ese mismo contraste, Cádiz es capaz de crear un tipo tirando de ingenio con dos fundas de almohada, como el de la chirigota de Manolín Gálvez; y, a su vez, tiene la capacidad creativa de hacer verdaderas obras de arte, con la calidad artística que poseen sus artesanos.

 

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