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Sábado, 07 de Diciembre de 2019

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La Policía investiga si había maltrato previo en el caso de la bebé zarandeada de Murcia

A la niña, que le han dado el alta, los médicos le encontraron fracturas óseas ya curadas

Ha sido el último caso de bebé zarandeado que ocurrió hace unas semanas, pero del que hemos conocido ahora por la Policía. La niña, de 10 meses, había ingresado en la Arrixaca bajo el síndrome del bebé zarandeado. Se produjeron tres detenciones, la de la niñera que la cuidaba mientras la madre trabajaba, su novio y su padre, un hombre de 71 años, que han quedado en libertad con cargos.

Los médicos determinaron que las lesiones de la pequeña las había realizado un adulto, y algunas de las fracturas que presentaba estaban ya curadas, por lo que se sospecha que la menor podría tiempo siendo objeto de maltrato. La niña recibió ayer el alta hospitalaria, aunque se activó el protocolo de actuación en caso de protección de menores víctimas de posible maltrato.

El síndrome del niño zarandeado es el conjunto de lesiones cerebrales que se producen cuando se agita bruscamente al pequeño, y puede producir secuelas graves e incluso la muerte, debido a su frágil anatomía. Es la principal causa de fallecimiento de bebés menores de un año. La Asociación Española de Pediatría (AEP) califica este síndrome como relativamente frecuente, con 20-25 casos por cada 100.000 niños menores de dos años en el mundo, 100 bebés de los 450.000 que nacen cada año en España.

Los casos más frecuentes ocurren cuando el niño tiene entre seis y ocho semanas, y suele ser cuando este llora de manera más descontrolada. Los bebés con cólicos o similares son los que tienen mayor riesgo de sufrirlo. El neurólogo Rogelio Simón de las Heras habla de trauma craneal infringido, que es la primera causa de daño cerebral evitable en el primer año de vida, y es prevenible siempre que se conozca el riesgo de zarandear a un bebé de pocos meses de vida.

Cuando se agita a un bebé con fuerza, la cabeza del niño rota sin control, debido a que los músculos de su cuello están poco desarrollados y dan muy poco soporte a su cabeza. Las consecuencias pueden ser una afección en los huesos o la rotura de los vasos sanguíneos o de los nervios que recorren el tejido cerebral. Si el zarandeo acaba con el impacto del pequeño en una superficie, las consecuencias pueden ser aún peores, llegando a destruir las células del cerebro, impidiendo que este reciba el suficiente oxígeno.

Solo unos segundos son suficientes para que se produzca una lesión irreparable en el cerebro, reiteran los expertos. Las consecuencias más frecuentes son ceguera total o parcial; sordera; retraso en el aprendizaje, discapacidad mental y/o mareos. En los casos más graves los menores pueden morir. Según la AEP, uno de cada 10 menores que lo sufre, fallece.

Los expertos señalan que existen factores psicológicos que pueden aumentar el riesgo de agitar a nuestro bebé. Hay un perfil definido: padres jóvenes e inexpertos, estrés, el abuso de alcohol o drogas, o padecer algún trastorno psiquiátrico. Esta conducta es más común entre los hombres.

En cuanto al perfil del 'zarandeador', es más común que sea el padre el que lo haga, seguido del padrastro, el cuidador y con menos de un 10% de casos, por la madre.

Nada justifica zarandear a un niño. Los expertos aconsejan que se busque ayuda si hay problemas con el control de las emociones que produce la paternidad, ya que unos segundos son suficientes para que el bebé sufra consecuencias irreparables.

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