Últimas noticias Hemeroteca

A propósito de Ravelo

Pepe Ravelo en su etapa como jugador del Xerez CD /

Poco más se puede decir del gran Pepe Ravelo después de lo que escribía hace una semana en esta misma página web mi compañero Pedro Alemán. Sólo añadir la satisfacción por cómo, coincidiendo con su 75 cumpleaños, se está volcando todo Jerez con la petición del merecidísimo título de Hijo Adoptivo de la ciudad a la que llegó hace casi medio siglo y a la que ha entregado lo mejor de su vida.

Una vida que comenzó el 8 de febrero de 1944 en Finca España, un humilde barrio de La Laguna (Tenerife). También humilde era su familia, con Antonio y Leonor, sus padres, y sus cinco hermanos .

Hoy quiero recordar a aquél niño que con sólo tres años vio emigrar a su padre a Venezuela para garantizar la susbsistencia de su familia. Que se curtió en el campo de tierra del CD Arenas. Que empezó jugando de portero y acabó adelantando su posición y enfrentándose a chavales mucho mayores que él. Que jugaba en la calle de sol a sol y que en una ocasión se desvaneció y hasta deliró de fiebre después de pasarse horas y horas jugando al fútbol sin comer ni beber nada. Que a los quince años trabajaba, entrenaba y jugaba con los infantiles y los juveniles del Arenas, dada la importante envergadura a pesar de su edad. Que disputó en un mismo día tres partidos: con los infantiles a las nueve de la mañana en su campo; con los juveniles a las doce en Santa Cruz, y a las cinco de la tarde en el norte de la isla con el equipo regional.

Que a los diecisiete pisó por primera vez un campo de césped, el Heliodoro Rodríguez López, con la selección juvenil de Tenerife. Que era tal su locura por el fútbol que iba varias veces a ver la misma película para ver los reportajes del NoDo de la selección, el Barcelona y el Madrid.

Que se marchó a Venezuela con veinte años junto a sus hermanos mayores y su padre, fichando por el Canarias y siendo internacional con la vino tinto tras obtener la doble nacionalidad. Que marcó a Eusebio en un amistoso y que disputó la fase clasificatoria para el Mundial 66 de Inglaterra disputando con Uruguay y Perú el billete para la cita mundialista.

Que al regresar a España fichó por el Córdoba y debutó en Primera. Que se alojó en el Hotel Los Cisnes de la calle Larga tras un amistoso con el equipo blanquiverde en San Fernando, en su primer contacto con la ciudad que pronto le hará hijo adoptivo. Que debutó en el Bernabéu y que anotó dos goles en el Villamarín.

Que vio truncada su progresión al perder la nacionalidad venezolana y verse obligado a regresar a Santa Cruz para hacer la mili. Que llegó de rebote al Xerez tras convencerle el entonces presidente Andrés Reyes con un proyecto para devolver al equipo a Segunda que cristalizaría dos años más tarde. Que, como futbolista que era, estaba enchufado en la cafetería San Francisco, donde le servían los platos combinados mejor despachados.

Que al año siguiente, al no conseguir en primera instancia el ascenso, quedó en libertad. Que estuvo en Ceuta a punto de firmar como muchas mejores condiciones, pero que a última hora apostó por el que sería el equipo de su vida, logrando ese ejercicio el ansiado ascenso.

Que fue durante nueve temporadas ininterrumpidas el capitán del equipo. Que se sacó cada año el abono hasta llegar a ser el número 104. Que recibió la insignia de oro y brillantes del club tras disputar 108 partidos seguidos como titular entre liga y copa.

Que además le ahorró mucho dinero a la entidad, como reconocería años más tarde el propio tesorero de entonces, el señor Del Castillo. El entrañable Antonio Rodríguez vive aún para contarlo, ya que tenía siempre a mano el contrato de Ravelo y cada vez que venía un nuevo jugador le decían “mira lo que cobra el capitán y encima juega todos los partidos”, rebajando el fichaje de turno sus pretensiones iniciales.

Que se despidió como capitán y leyenda viva del xerecismo y luego fue técnico y directivo. Que compatibilizaba la atención de su negocio con echar una mano al club en lo que podía. Que fue hasta compadre de la entidad a la que tanto dio.

Pero lo más importante estaba, muy a su pesar, por llegar. Fue en 2013, cuando junto a un numeroso grupo de xerecistas sentó las bases del club que está llamado a perpetuar el sentimiento azulino. Ese gesto le ha valido más críticas que halagos, pero llegará el día en el que se reconozca su altura de miras y su entrega tras toda una vida en azul y blanco.

Este domingo estaremos en Chapín, a partir de las cuatro, para recoger las firmas de los xerecistas que quieran adherirse a esta petición del título de hijo adoptivo de Jerez que debe ser unánime. Para ello, se colocarán varias mesas fácilmente identificables.

Pepe, eres muy grande.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?