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La pardela cenicienta, la más amenazada por la contaminación por plástico

SEO/BirdLife ha advertido que la contaminación marina por plásticos representa una "seria amenaza" para las poblaciones canarias de aves marinas

SEO/BirdLife ha advertido este lunes de que la contaminación marina por plásticos representa una "seria amenaza" para las poblaciones canarias de aves marinas, especialmente la pardela cenicienta, pues el 83% de los pollos analizados en los últimos estudios por científicos canarios tenían plástico en su interior, con una media de ocho fragmentos por individuo, que habrían ingerido junto al alimento aportado por los adultos.

Otra de las aves marinas potencialmente afectadas por la 'basuraleza marina' y que se encuentran amenazadas son la pardela pichoneta y la pardela chica, también pertenecientes al grupo de los procelariformes.

A diferencia de las gaviotas y otras aves marinas, los procelariformes no forman egagrópilas --'bolas' formadas por las partes no digeribles del alimento ingerido, que regurgitan antes de entrar al estómago--, por lo que acumulan con mayor facilidad pequeños fragmentos de plástico que capturan en superficie al confundirlo con sus presas (organismos planctónicos, peces y cefalópodos) o bien junto a éste, o que se encuentran dentro de su alimento.

Generalmente, se trata de fragmentos muy pequeños, pero también pueden encontrarse plásticos de tamaño mayor, y su acumulación puede causar úlceras, infecciones o incluso ahogamiento.

La presencia de plásticos en el estómago también puede crear una sensación de saciedad, que llevaría a la muerte por inanición, señalan desde SEO Bird Life.

Además, los plásticos de mayor tamaño pueden ocasionar enganches y enredos, que pueden provocar amputaciones, ahogamiento o muerte por inanición. En este caso, además de las pardelas, otras aves marinas como alcatraces, gaviotas y charranes, también pueden verse afectadas.

Muchos de estos plásticos son abandonados en las costas canarias, arrastrados por el viento desde vertederos incontrolados o llegan al mar empujados desde los barrancos en épocas de lluvias.

Pero también proceden de lugares a miles de kilómetros de distancia, según han comprobado investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Así, son basuras llegadas de Europa, África e incluso de la costa este de Estados Unidos, arrastradas por las corrientes del Golfo y la de Canarias y se calcula que cada marea arroja sobre las playas canarias hasta 120 gramos de pequeños trozos de plástico por metro cuadrado, lo que supone varias toneladas al año en cada una de las islas.

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