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Solo quiero despertarme cuando no necesite dormir más

La opinión de Ana Díez, médico de familia

Cuando alguien crea, diseña o produce una cosa nueva, se dice que ha inventado algo. Incluso hay un día internacional del inventor. Por si alguien no lo sabe, es el 9 de noviembre.

La historia está salpicada de miles de inventos. Algunos han sido de gran valor para el progreso de la humanidad, como las prótesis que han sustituido a las piernas en los amputados o las impresiones de órganos en 3D . Otros nos han hecho la vida más cómoda, como la rueda o la sencilla y útil fregona. Hay muchos que murieron casi nada más nacer porque no tenían ninguna utilidad. Internet está lleno de ellos.

Pero hay uno cuya utilidad no discuto, por supuesto, pero que yo odio intensamente. Lo odio porque altera el ritmo biológico normal de una persona, porque rompe con la quietud y la tranquilidad, porque muchas veces acaba con una historia con la que estábamos siendo felices. Y porque no era imprescindible su existencia. Me refiero al despertador.

Me da igual que suene con el terrible ruido atronador de los despertadores más viejos o que suene una musiquita cuyo volumen va aumentando poco a poco. En definitiva, todos nos van a sacar de ese estado de tremenda placidez en el que uno se encuentra durmiendo.

Me parece lo más antifisiológico que alguien podría haber inventado. Va en contra de la naturaleza. Porque la naturaleza indica que tenemos que dormir suficiente número de horas para que nuestro organismo descanse adecuadamente. Contamos con un ritmo circadiano que nos hace estar más activos coincidiendo con las horas de luz solar y estar en reposo durante las horas nocturnas. Si ese ritmo se rompe, la función del organismo también se altera. De hecho, hay un artículo en el estatuto de los trabajadores que dispone que el trabajo nocturno tendrá una retribución específica. Y se considera trabajo nocturno el desarrollado entre las 22:00 horas y las 6:00 del día siguiente. Por algo será.

Soy consciente, por supuesto, de que muchos profesionales tienen que empezar a trabajar muy pronto por la mañana, pero, por favor, como no es mi caso, no quiero que nadie me despierte. Tampoco el despertador. Quiero mantener la costumbre que tenía cuando era un bebé: solo quiero despertarme cuando ya no necesite dormir más.

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