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Miércoles, 19 de Febrero de 2020

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Los límites del Carnaval de Cádiz

El humorista Manu Sánchez y el politólogo Pablo Simón han protagonizado los Diálogos al SERxCuatro, en la Fundación Cajasol, en una conversación cargada de análisis y reflexiones carnavaleras

A la izquierda, Manu Sánchez, el 'humorista multitask' —por aquello de que canta, baila, presenta la Cámara de los Balones, tiene varias obras de teatro y es asiduo colaborador de la SER entre otros muchos quehaceres— ataviado con una americana color beige y sus inconfundibles gafas redondas al más puro estilo Blas Infante, que en la víspera del Día de Andalucía cobran aún más sentido.

A la derecha, Pablo Simón, el politólogo de moda en España fiel a los jerséis de cuello alto, a los planteamientos analíticos y a dejar titulares redondos. Profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y tertuliano en Hoy por Hoy, con Pepa Bueno.

Flanqueado por semejantes figuras, tan particulares como representantes del papel que juega el carisma en el éxito profesional, un Pedripol que ha hecho las veces de moderador y de testigo en primerísima fila de un diálogo de casi dos horas de duración sobre una simple cuestión, que de simple tiene poco: el Carnaval de Cádiz.

La conversación, que hemos de enmarcar en los Diálogos al SERxCuatro, comenzaba pasadas las seis de la tarde con un tema tan afilado como difícil de abordar: los límites del humor. En la primera intervención de un Manu Sánchez que ha hecho gala de su elocuencia, el de Dos Hermanas ha planteado que no debe haber límites del humor legales, establecidos por ley, sino límites sociales, que sean establecidos por el público.

"El humor es un proceso de emancipación y de rebeldía contra el poderoso", ha promulgado Simón, en plena conversación sobre la dirección que deben llevar los chistes o, en general, la acción humorística; "de abajo a arriba, del pueblo al poderoso", ha manifestado el politólogo, que ha concluido con un argumento que planta sus cimientos en la realidad del autor, en el día a día del humorista: "El límite del humor está en comer".

En una era, esta en la que vivimos, controlada, juzgada y manejada por los hilos telemáticos de las redes sociales, ambos protagonistas han coincidido en que las críticas en las redes calan, y mucho, al artista después de lanzar el chiste, el dardo, el "tiro de francotirador" al que se ha referido Manu Sánchez en relación a que el humor siempre hay que hacerlo dirigido a alguien, porque a él, dice, "no le hace gracia ver que alguien se cae, sino saber quién es el que se ha caído".

Simón y Sánchez también han compartido la postura sobre que el humor hay que hacerlo asumiendo las consecuencias, y el primero, que tal y como podían leer unas líneas más arriba, es muy dado a regalar titulares redondos, ha expresado lo necesario que es el humor a través de una oración que bien podrían ustedes leer en algún azucarillo cuando tomen un café: "El humor es como el canario en la mina, cuando se te muere, sabes que tu gente está en riesgo".

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Habiendo traspasado el ecuador del diálogo, y ante una sala de conferencias de la Fundación Cajasol con un público que mostraba ganas de reír y reflexionar a partes iguales, Manu Sánchez y Pablo Simón han repasado la situación actual de una fiesta "que no es de Cádiz, sino patrimonio universal", según el politólogo y contertulio de la SER.

"Me gustaría que volvieran los telonazos", ha sentenciado Sánchez, ávido, a tenor de sus palabras, de una mayor capacidad crítica por parte del público, y sobre todo de respetable que va al Gran Teatro Falla y que no es de 'Cadi, Cadi', a quienes ha defendido, porque cree que "los que vienen de fuera vienen con miedo, tienen que pedir perdón desde que entran por el puente porque Cádiz impresiona, acojona".

En cuanto a la masificación y al incremento de agrupaciones, Simón ha trasladado una pregunta a su homólogo en la conversación, aunque bien ha parecido un clamor al Dios Momo: "¿No está habiendo un desplazamiento de la chirigota a la comparsa? Parece que los géneros de humor del carnaval cada vez llegan con menos".

Sobre normas, las del concurso, y concretamente lo rígida que es la estructura de cada repertorio en cada una de las modalidades, Sánchez ha propuesto "darle alguna vuelta", no sea que "para el humor no sea bueno que algo esté tan encorsetado". Entre planteamientos sobre censura, argumentos acerca de la influencia del carnaval en la clase política y los pros y contras del humor blanco, ha habido momento para un último consenso, mezclando pornografía y carnaval, a propuesta del politólogo estrella de España, que ha convencido -y sorprendido a partes iguales- al humorista multitarea a quien definíamos al principio de esta pieza:

"El humor es como un pornógrafo, te desnuda. Te coge y te dice, esto es lo que hay, te voy a quitar los ropajes para que lo veas".

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