Lunes, 29 de Noviembre de 2021

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"Lunes y martes de Carnaval. Un sinsentido escolar"

La Firma de Maribel Campos

El Carnaval es la fiesta del invierno por excelencia. Disfraces, jolgorio y diversión a raudales en los tres días previos al comienzo de la Cuaresma.

Durante siglos el día más importante de estas fiestas ha sido el llamado ‘Martes de Carnaval’, la víspera del ‘Miércoles de Ceniza’, cuando se desataban al máximo las pasiones, la locura y el desenfreno. Todo ello oculto detrás de una gran máscara.

Eran días de fiesta y de diversión, que terminaron convirtiéndose en un periodo más de las vacaciones escolares. Y así, nos encontramos en la actualidad, con un calendario académico en el que los niños, porque no los universitarios, disfrutan de un periodo de descanso de cuatro días, ya que al consabido fin de semana se unen el lunes y el martes de Carnaval.

Nada en principio extraordinario. Puede pensarse que solo son dos días, que se trata de un asunto sin importancia. Pero nada más lejos de la realidad. Son dos días de problemas para las familias, son dos días de ruptura del ritmo escolar que tanto ha costado recobrar después de las fiestas navideñas.

Para muchas familias el trastorno que suponen estos dos días extraordinarios de descanso es inmenso. Los niños pueden estar de vacaciones, pero los padres no tienen esa suerte y el trabajo no perdona. Esto conlleva que muchas familias se vean ante un gran problema, al no tener con quién dejar a sus hijos. Así, se ven obligados a efectuar ingeniería familiar, a recurrir a los abuelos o a tener gastos extraordinarios de ludotecas, talleres e incluso comedor.

Y todo esto sin un verdadero sentido, porque, en la actualidad, las fiestas de Carnaval realmente se han visto prácticamente reducidas al fin de semana. No hay más que ver el programa festivo confeccionado por el Ayuntamiento de la capital. La mayor parte de las actividades, al menos, las más destacadas se desarrollan el sábado y el domingo, quedando lunes y martes reducidos a pequeñas fiestas programadas por las asociaciones de vecinos en los barrios, y que además se celebran por la tarde.

En mi opinión, nada impide, pues, que las clases se mantengan el lunes y el martes, lo que evitaría estos quebraderos de cabeza para los padres, y además, no perjudicaría al desarrollo académico de los niños.

Seamos sensatos y devolvamos la racionalidad al calendario escolar.

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