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El día después

Tras el éxito gozoso del 8M, permítanme que ponga pie a tierra y manifieste un leve escepticismo en torno a la evolución del enfermo. Y es que, aunque es irrefutable la voluntad igualitaria de la sociedad, las raíces del problema son culturales y ahí las soluciones son complejas y los avances de una lentitud exasperante. Si quedan dudas al respecto, deténganse un minuto en la evolución de las mujeres asesinadas por la violencia machista en la última década……..antes de echarse a llorar. Este año, en poco más de dos meses, catorce.

Las mujeres son las protagonistas de esta revolución, pero en este cambio de paradigmas deben jugar un papel notable los hombres, muchos de los cuales viven entre la incertidumbre y el miedo a este nuevo orden donde deben reconstruir sus valores y jerarquías, su masculinidad. Y esto exige tiempo y voluntad y renuncia a privilegios históricos revestidos de normalidad. Prueben ustedes, amigos, a conjugar el verbo y verán que tiene su dificultad. Sobre todo en la primera persona del singular.

¿Y qué me dicen de la capacidad bautismal de nuestros líderes?. Como no los detenga alguien, va a acabar teniendo el feminismo más apellidos que la duquesa de Alba, desde el liberal de Riverita al ginecológico de Casado, del superparitario de Pedro al fetén de Pablito. Falta por bautizar el feminismo varonil al servicio de la recaudación electoral.

Ya se sabe que el triunfo tiene siempre muchos padres, pero , por si alguien se despista, convendría dejar negro sobre blanco que el éxito de esta marejada se debe a las miles de mujeres del movimiento feminista que llevan años y años urdiendo complicidades , tejiendo compromiso y denunciando una y otra vez todas las infamias cotidianas. Sólo a ellas.

De lo que no me cabe duda es que, de nuevo, los partidos han tomado nota y de que su compromiso con la igualdad es inquebrantable: No hay más que mirar la nómina de candidatas a la presidencia del gobierno o a la alcaldía de mi pueblo. Y ahí sí que han cambiado las cosas, un cambio de cojones que diría mi abuela Donina.

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