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La cara de la moneda

Casares abrazando a Bello tras marcar éste en Coria /

Era una noche del verano pontevedrés de 1967 cuando Irulegui, defensa en Primera División del mejor Pontevedra de la historia, jugaba el VIII Trofeo Luis Otero contra el Estudiantes de la Plata de Argentina. El partido era de lo más igualado y acabó en tablas (1-1) al final de los 90 minutos, y ni la prórroga ni la tanda de 5 penaltis deshicieron la igualada. Entonces se recurrió a la norma permitida por entonces del lanzamiento de una moneda al aire para dilucidar al ganador. Antes de que ésta flotara hacia arriba, un tal Carlos Salvador Bilardo, jugador del equipo argentino, se acercó al capitán platense, “Cacho” Malbernat, y le dijo: “Cacho, no importa la cara que salga, en cuanto caiga corremos hacia ti a abrazarnos y a celebrarlo, y nos tiramos todos encima de la moneda”. Y así fue. La de cinco duros, apenas rozó el césped, disparó en un salto a los jugadores argentinos y todo el Estudiantes corrió como loco a celebrar la victoria encima de ella. La moneda ni se sabe si apareció, pero sí lo hicieron las 100.000 pesetas de las de entonces, que se fueron caminito de Argentina como gratificación pactada al vencedor.

Pocos aficionados xerecistas ochenteros habrán olvidado al primer entrenador que nos hizo soñar con que el cielo se podía tocar con las manos de jugadores como Sanabria, Fábregat o ‘Pony’ Adolfo. Su nombre, Jose Antonio Irulegui, suena a nostalgia y el ex defensa del Eibar, Real Sociedad y Pontevedra se convirtió en un técnico de buen hacer y cordura norteña, aunque quizás por sus planteamientos conservadores le faltó algo de desparpajo sureño. Pero lo cierto es que mientras estuvo aquí los aficionados azulinos experimentamos esa sensación de que GANAR, con mayúsculas, era posible y cerca estuvimos de las plazas de ascenso a Primera año tras año, hasta su cese.

Tras los tres Bellos puntos de Coria, el equipo sólo debe pensar en una cosa: GANAR, con mayúsculas. Puente Genil es un buen conjunto, pero no debería ponernos en apuros si al acabar el partido escupimos hierba; Betis Deportivo son los hijos de un gigante andaluz donde la experiencia y ambición de nuestros jugadores deben ser la clave para marcar diferencias; Conil se le está jugando con el descenso pero, puestos a jugar, nosotros tenemos ganas de jugárselas a ellos por cómo nos la jugaron hace dos años en su campo; y Atlético Espeleño debe ser casi carne de descenso matemático para cuando les visitemos. Conseguir estos 12 puntos antes del Domingo de Ramos y meternos con ellos en puestos de liguilla son de obligado “ensoñamiento” para la afición xerecista. Y luego que la Borriquita lo vea.

A Bilardo, que en su etapa como técnico alzó la Copa Mundial de Fútbol de Maradona en México ’86, no le fue nada mal con su filosofía de GANAR, con mayúsculas, no me canso de puntualizarlo. Irulegui era y es todo un caballero, y no me lo imagino tirándose sobre la moneda ni en sus años mozos. Pero a estas alturas de la Temporada en Tercera División, viniendo de las catacumbas del fútbol y con un origen tan nuestro como glorioso, las ansias e ilusiones de la grada de Chapín se vuelven “bilardistas” y ya no nos cabe otra idea en la cabeza: GANAR. Porque en este año de vaivenes ha llegado el momento en el que si hace falta nos tiramos, sea cual carajo sea, encima de la cara de la moneda.

José María Aguilar.

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Cadena SER

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