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Hoy juega el Xerez

La semana se me ha hecho eterna. En el colegio me han llamado otra vez la atención porque no hago otra cosa que pensar en el fútbol. Así se lo han comunicado a mi madre en una tutoría y he estado a punto de quedarme castigado sin ir a ver al Xerez, que este domingo juega en el Domecq. Menos mal que me ha salvado in extremis una buena nota en el examen de Lengua. Voy a tener que ir pensando en una profesión para el futuro que tenga que ver con el fútbol. Periodista deportivo no estaría mal, claro que lo que me interesa es el Xerez. Te imaginas que llegara a retransmitir algún día el partido del ascenso a Primera…

Esta semana nos la jugamos ante el Alcoyano. Quedan diez jornadas de y no tenemos mucho margen de error, porque la Balona nos pisa los talones, aún hay que visitarles y solo asciende uno.

Desde el encierro del verano el equipo es una piña y Moncho ha sabido sacar todo el provecho. Siempre hemos sido un club pobre, por eso las asambleas son tan encendidas y a Jerónimo Martínez Beas, Enrique Goñi, Paco Delgado y Paco Franco se les escucha tanto. Lo que es de uno y depende de uno hay que cuidarlo. No hay otra. Aunque ya he oído hablar de una nueva ley del Deporte para que los clubes se conviertan en empresas privadas ¿Y dejar de pertenecer a sus socios para que una sola persona haga y deshaga a su capricho y antojo? Anda ya…

Mientras tanto es una alegría ver cómo después de decirse barbaridades en las asambleas estos aficionados llegan juntos al campo a animar al equipo, y se abrazan y se emocionan cuando marcamos un gol.

Para no perder la costumbre, mi padre me ha acercado en coche hasta la plaza del Caballo. No hay mucho ambiente porque queda una hora para el partido. Siempre me gusta llegar de los primeros para ver cómo se prepara todo. En la cafetería Alfonso no se cabe de gente. Allí se citan muchos aficionados para tomarse el café o una copa de brandy antes de irse al estadio. En taquilla Miguel Doña atiende a no más de cinco o seis personas sacando sus entradas y ya escucho el chirriar del gran portón del acceso por la entrada del fondo norte, donde aparecen los porteros con sus gorras para empezar a romper entradas y a picar carnets.

Al entrar en el estadio veo el puesto de las almohadillas rojas de plástico que está a tope, aunque muchos aficionados las traen desde casa y son de color azul con el escudo del Xerez blanco. La cantina bajo la grada principal está aún vacía, únicamente con el encargado preparándolo todo para cuando llegue el descanso.

En el pasillito que hay entre la tribuna alta y el graderío bajo está Juanele con su puesto de chucherías. Por 25 pesetas me llevo un paquete de caramelos Chimos y otro de pipas que me durará todo el partido.

Como a mi padre no le gusta el fútbol y todos mis amigos son del Madrid, del Atleti o del Barça, desde hace años voy solo al fútbol y me siento al lado de un señor anciano con una mano ortopédica. No sé si porque es muy serio o por la enorme diferencia de edad entre ambos, pero creo que en todo este tiempo no hemos pasado del “buenas tardes” de cortesía.

Como siempre, me he ido al lateral de la tribuna que está pegado al fondo norte. Debajo de la publicidad de Fundador pintada en el lomo del graderío está la puerta de acceso al vestuario del Xerez y desde arriba se ve salir a los jugadores. Tras haber completado el calentamiento veo al capitán Pedro Valencia, a Manolo Perdigones y acto seguido a Felipe Rivas, inconfundible con su casi 1,90 y las medias azules con las tres listas blancas a media altura de las pantorrillas porque no suben más arriba, y a Pozo, otro de los veteranos, santiguándose antes de saltar al campo. Salen también el Pony Adolfo, con su número 7 a la espalda, y Torres y Queco, que se están consagrando este año como un tándem de muchos quilates en el centro del campo. Los también canteranos Suárez, Rosado y Juanito Moreno conversan entre ellos y comentan quizás alguna consigna de última hora del míster. Aparece también Osma, que está siendo de los más destacados del equipo con sólo 21 años y por el que se ha interesado el Atlético de Madrid para la temporada próxima.

Por la vieja megafonía del estadio suenan los últimos anuncios: Seat Sodasa, la Caja de Ahorros, el nuevo Talbot Horizon, Ponche Soto y la Caja Rural, intercalada con algo de Mike Olfield y hasta de Pink Floyd.

Saltan al campo los equipos con muy buena entrada en el Domecq, casi tres cuartos del aforo. Sobre la línea de cal del círculo central están dispuestas las botellas de fino Tío Mateo, patrocinador del Xerez, con sus respectivas cajas para ser obsequiadas al cuadro visitante.

La lenta cuenta atrás está llegando a su fin. El colegiado ordena el inicio del partido. Hoy es un día de fiesta. Hoy juega el Xerez, y espero no tener jamás que dejar de decirlo ni de desearlo.

 

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