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, 23 de de 2019

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El último tango para tres jóvenes gallegos

Humberto Fouz, Fernando Quiroga y Jorge García desaparecieron el 24 de marzo de 1973, cuando viajaron a Francia para ver 'El último tango en París'. La hipótesis principal es que ETA les mató al confundirles con policías.

Montaje para el libro 'Hutsuneak. Vacíos' editado por las Juntas Generales de Gipuzkoa /

'La Ventana de la memoria' recuerda en su novena entrega la desaparición de Humberto Fouz, Fernando Quiroga y Jorge García, tres amigos gallegos afincados en Irun (Gipuzkoa) que el 24 de marzo de 1973, cuando cruzaron la frontera con Francia para ver en Biarritz la película 'El último tango en París', prohibida por el franquismo. Nunca más se supo de ellos.

Coral Rodríguez, sobrina de Humberto, sostiene que "en el camino de regreso a Irun toparon con unos criminales etarras que creyeron que eran policías y que les secuestraron, torturaron y asesinaron. Enterraron sus cuerpos en algún lugar que 46 años después, ETA sigue sin desvelar". Rodríguez recuerda que, en un primer momento, las familias pensaron que podían haber sufrido algún accidente de tráfico, pero, "a los pocos meses, diferentes periódicos apuntaron a que habían sido torturados y asesinados por ETA, desvelado por confidentes o algún infiltrado" en la banda terrorista. A partir de ese momento, las familias emprendieron distintas actuaciones: denuncia ante los tribunales, peticiones en el Senado, Parlamento vasco...incluso Rodríguez llegó a entrevistarse personalmente con Ezkerra, jefe de ETA en la época en la que los jóvenes desaparecieron, ya reinsertado, "pero no tuvo el coraje de decirme nada".

"No supe por dónde más seguir", reconoce, aunque añade que "por lo menos, conseguimos el objetivo de romper el muro de silencio que construyeron sobre ellos y ha servido para que Adolfo escribiera 'Una tumba en el aire', que nos ha alegrado mucho, porque los hace, en cierta medida, inmortales".

Adolfo García Ortega conoció la historia de los tres jóvenes gallegos en una charla con amigos sobre casos no reconocidos por ETA. "Fue como un shock, enseguida noté que la historia me buscaba a mi". Tras varios años de investigación para escribir el libro, García Ortega ha llegado a la conclusión de que fue ETA, sobre todo, porque los propios terroristas se lo contaron unos a otros y a confidentes como Mikel Lejarza, 'El Lobo'.

Respecto al porqué, 'Una tumba en el aire' apunta al momento que vivía entonces la cúpula de ETA en el sur de Francia. "En aquel momento, ETA se estaba transformando en algo más grande. Lo que más les preocupaba es que ese crecimiento no fuera pasto para la infiltración, deserciones...una paranoia que se incrementa porque, en ese momento, se estaba preparando la operación Ogro, contra Carrero Blanco". El escritor cree que los jóvenes se encontraron con "el azar fatídico mayor: ETA estaba muy neurótica".

García Ortega cree que "jamás se van a encontrar esos restos". "Lo único que se puede conseguir es que ETA lo reconociera, que lo hicieron con saña, por error y que lo hicieron ellos", concluye.

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Precisamente, ese es el punto de partida de 'Tango de muerte', la novela que Mikel Azurmendi escribió en 2012, en la que el protagonista, escritor y arrepentido de ETA, se pregunta "por qué nadie sabe nada de este caso". La respuesta para Azurmendi es clara: "porque no hay ningún arrepentido". "De todos los miembros de ETA hasta hoy, hay muy pocos que hayamos deslegitimado completamente el terrorismo. De los militantes, simpatizantes, ayudantes de ETA, que son miles, que solo haya como una docena o dos de gentes que la hayan deslegitimado, es la gran tragedia de este pueblo".

Cierra 'La Ventana de la memoria' el presidente del Consejo vasco de víctimas del terrorismo, José Luis De la Cuesta. "Los actos de recuerdo y memoria a las víctimas del terrorismo son muy importantes", afirma. "La memoria de las víctimas del terrorismo constituye una forma de reparar lo irreparable", explica, como también "un antídoto contra el violencia pasada y futura". Para evitar la conocida como batalla por el relato, De la Cuesta propone "plantear el relato de la victimización terrorista a partir de la mirada de las propias víctimas" y apostar por la "memoria restaurativa".

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