La maleta llena de Joaqui

Joaqui durante el partido ante el Coria CF / Xerez DFC

Jerez de la Frontera
No estaba nada contento el ex delantero bético Poli Rincón por su periplo en el Mundial de México ’86 cuando una mañana se plantó vestido de calle y con maleta en mano pidiendo un taxi hasta el aeropuerto para volver a España. No entraba en las alineaciones del seleccionador Miguel Muñoz tras formar pareja en la fase de clasificación en la delantera junto al jugador de moda en Europa, Emilio Butragueño. Luego, en la fase final mundialista, un joven Julio Salinas, que venía despuntando en el Athletic y que era uno de los fichajes de ese verano rumbo al Vicente Calderón, se hizo con la titularidad. Y para colmo del vehemente delantero bético, como opción desde el banquillo para las segundas partes el míster recurría a la electricidad del regate del asturiano Eloy Olaya. Eran ya los Cuartos de Final y Poli Rincón estaba aún inmaculado.
José Antonio Camacho, capitán, y el resto de compañeros y técnicos no podían creer lo que estaban viendo. Trataron inútilmente de convencer al impetuoso y poco reflexivo Rincón que no daba su brazo a torcer. Pero ahí estaba el mítico Rafa Gordillo, compañero varios años del 9 verdiblanco desde su banda izquierda y bien conocedor de sus neuronas y salidas de tono, se acercó a la maleta y, en un despiste del delantero, se la arrebató y comprobó que la maleta estaba vacía. El susto del plantel español se tornó en risas y sonrisas y Poli Rincón no tuvo más remedio que atender las peticiones de Camacho y el plantel técnico para que se cambiara y bajara de nuevo a desayunar. Volvió a agarrar su maleta y dijo: “Me quedo, pero vuelvo en un minuto, que tengo que subir a deshacer la maleta de nuevo”.
Cuando Joaqui Del Moral este verano, tras varios intentos de renovaciones, dijo que se quería ir del Xerez no iba de farol. Con la maleta preparada, realmente era lo que sentía que debía hacer y buscaba era sentirse importante tras comprobar que la temporada recién acabada jugó sólo 22 de los 36 partidos en División de Honor y con un Lebrón que le robó el queso y estuvo en mejor línea que él. Pero algo en su cabeza lo hizo recular. Llamó a Edu Villegas y éste le volvió a abrir la puerta del equipo. A partir de ahí la meta era encontrar un hueco entre una plantilla de Tercera que tenía pretensiones de ser importante y luchar por dar el salto a Segunda B. Y no lo iba a tener nada fácil. Con un Adri Rodríguez y los flamantes fichajes de Rojas y Regino, las quinielas abocaban a Joaqui a alternar el banquillo con la grada. Pero ese pronóstico resultó ser desacertado.
Joaquín Del Moral empezó la liga inyectándose testiculina por vena y algo de suerte. La lesión de Rojas en los primeros compases de Liga y las ubicaciones de Regino al lateral derecho y Adri Rodríguez al medio campo, le dieron la posibilidad de empezar jugando. Rapidísimo al corte, peleón en el contacto, exigente con la marca y sacando la pelota con unos nervios de acero que a más de uno, incluido un servidor, le ponen el corazón en un puño, Joaqui ha sabido sacar la mejor versión de sí mismo y ha sido el mejor de los fichajes de la defensa. Es parte y reparte de la magnífica actuación defensiva del Xerez Deportivo esta campaña. Ayer en la Ciudad Deportiva Luis Del Sol fue protagonista de todas las grandes acciones defensivas del equipo cuando más apretaban los niños/hombres del filial bético. Sólo le faltó hacer un Panenka tan de moda ahora entre los grandes centrales. El mejor de los 28 sobre el terreno de juego según quien suscribe este artículo.
Con 32 de los 35 partidos y con cerca de 2.800 minutos jugados, Joaqui no va esta temporada de farol sino de órdago a la liguilla. Con esa maleta llena todo es posible.
José María Aguilar.




