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Domingo, 25 de Agosto de 2019

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El Museo de Escultura compite con el Thyssen-Bornemisza

Diez obras del Museo de Escultura de Valladolid se retan en Madrid con otras diez pinturas del Museo Thyssen-Bornemisza

La muestra en una de las salas del Museo Thyssen /

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge desde hoy y hasta el próximo 16 de junio la exposición 'Realidad y devoción' en la que diez obras del Museo Nacional de Escultura de Valladolid entablan un “diálogo” con otras tantas pinturas de la exposición permanente con las que coinciden temporalmente y en temática. Se trata de acercarse con una nueva perspectiva a obras ya conocidas que reciben ahora un enfoque diferente. Así, por ejemplo, una escultura de un 'Demonio' de autor anónimo del siglo XVIII se enfrenta a otro del taller de Rubens, en concreto a la pintura 'San Miguel expulsando a Lucifer y los ángeles rebeldes'.

Según explicó en la presentación ante los medios el director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana, “para entender la pintura que va del Renacimiento al siglo XVIII es esencial comparar su desarrollo con el de la escultura”. Existe, afirmó, “un torneo retórico”, una lucha entre ambas disciplinas. De hecho, argumentó al respecto, durante el Renacimiento y de forma más clara en Italia hubo “artistas que tomaron partido claramente por la pintura”, como el caso de Leonardo da Vinci, y otros que se posicionaron a favor de la escultura, entre ellos Miguel Ángel Buonarroti.

“Este tipo de montajes”, señaló Solana, “permiten renovar la manera en la que el público se acerca a las obras maestras”. De este modo, se puede apreciar otra de las esculturas traídas de Valladolid, como la 'Sagrada Familia con San Juanito' (datada hacia 1535), atribuida a Gabriel Joly, en “diálogo” con un óleo sobre tabla de Domenico Beccafumi titulado 'La Virgen y el Niño con San Juanito y San Jerónimo”, de esa misma época.

Según destacó la la directora del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, María Bolaños, se trata de “dos lenguajes que chocan entre sí”, el de la pintura y el de la escultura, que sin embargo “están hablando entre sí”. “¿Cómo se puede mirar a dos demonios diferentes?, ¿Cómo se ve a Carlos V ante un doble?”, se pregunta Bolaños antes de afirmar que la exposición supone un “descubrimiento” de piezas ya conocida “vistas ante una luz nueva” y un a “manera nueva de reencontrarnos con el pasado”. A su juicio, lo mejor al a la hora de visitar esta exposición es “dejarse llevar, desaprender nuestras ideas preconcebidas sobre estos dos artes y disfrutar”.

A su juicio estamos ante una “original iniciativa” de los dos museos, el Thyssen-Bornemisza y y el Nacional de Escultura, en la que “no necesariamente se han buscado obras maestras sino obras muy certeras en el diálogo que establecen con las pinturas que aquí se exponen”. Es el caso, por ejemplo, de una talla de San Marcos (1501-1525), atribuida a Felipe Bigarny, que se enfrenta a una pintura dedicada al mismo santo del alemán Gabriel Mälesskircher. Se trata de una pieza en madera policromada en la que el santo aparece sentado en un atril, acompañado del león y concentrado en la redacción de las Sagradas Escrituras. A juicio de Bolaños la exposición es una “ejemplo de buenas prácticas” de lo que debe ser la colaboración entre museos que deben “compartir iniciativas y esfuerzos”.

En esa misma línea se pronunció la directora del proyecto y jefa del área de pintura antigua del Thyssen-Bornemisza, Mar Borobia. Según dijo, “la idea” de la exposición es “dinamizar la colección permanente con nuevas obras que nos remitan a nuevas lecturas y sean puntos de reflexión para los visitantes”.

"Complicado"

Tal y como explicó, el proyecto ha sido “complicado” desde el punto de vista de la selección de las obras que lo componen, buscando más la calidad de las piezas que los autores. “Hay grandes nombre como Juan de Juni, Alonso Cano o Gabriel Joly, pero también hay obras anónimas”, explicó antes de añadir que “todas tienen muchísima conexión con las pinturas que tenemos en el Thyssen”.

Además, la exposición también ha sido un reto en lo que se refiere a la “instalación y el montaje”. Según dijo Borobio a este respecto, la escultura “es todo un mundo” y ha habido que “estudiar mucho” los anclajes y los puntos de vista para lograr que “quedaran integradas pero a la vez tuvieran su independencia” respecto a los cuadros colgados en las paredes del Museo Thyssen .

Entre la decena de obras traídas de Valladolid figura también una talla anónima en madera policromada de 'San Adrián' (1501-1525); otra talla barroca de 'Santa Catalina de Alejandría' (hacia 1863) del círculo de Aniello Perrone; una más de 'Santa Ana, la Virgen y el Niño' (haca 1515) de un artista vinculado de la ciudad de Limburgo, y un busto anónimo en piedra caliza del 'Emperador Carlos V de joven' (hacia 1520).

El préstamo del Museo Nacional de Escultura lo completan el 'Niño Jesús' atribuido a Alonso Cano (1634-1667); la 'Cabeza de un Apóstol', obra realizada por Pedro Roldán entre 1667 y 1700; 'La Virgen y el Niño con Santa Rosa de Viterbo' y, por último, una talla en madera policromada de Juan de Juni, 'San Antonio de Padua', realizada entre 1560 y 1575.

La exposición 'Realidad y Devoción' se puede visitar hasta el 16 de junio en horario de martes a domingos de 10 de la mañana a 7 de la tarde con un precio que va desde los 9 euros para mayores de 65 años, pensionistas y estudiantes, hasta los 13 euros de la entrada general. Los lunes, en horario de 12 a 4 de la tarde la entrada es gratuita.

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