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Fantasmas y otros fenómenos inquietantes en algunos edificios de Cuenca

El edificio Iberia, el Museo de las Ciencias o el santuario de las Angustias son algunos ejemplos de sucesos paranormales en la ciudad

Edificio del antiguo hotel Iberia, hoy centro cultural. /

Fenómenos extraños en edificios de Cuenca capital. Fantasmas, apariciones, objetos que se mueven solos sin causa física aparente. Testimonios de primera mano que narran sus vivencias en estos edificios. ¿Existe lugares embrujado en la ciudad? En el espacio Misterios Conquenses que coordinan Sheila Gutiérrez y Miguel Linares, y que emitimos los martes en Hoy por Hoy Cuenca, intentamos dar respuesta a estos posibles fenómenos paranormales desde un punto de vista lógico.

'Misterios Conquenses' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Las historias de misterio encuentran cobijo en lugares inesperados como las que encontramos en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, un edificio que fue asilo a cargo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Posteriormente, algunos de los artistas que ocuparon el inmueble durante las décadas de los 70 y 80, cuando se convirtió en el centro artístico Sala Alta, relatan que el edificio estaba «encantado». Muchos aseguraban haber escuchado ruidos, a los que no encontraban explicación lógica, ruidos que podrían escucharse en cualquier edificio antiguo, pero con algo inusual. Parecían ser pisadas. Algunos lo describieron «como algo curioso», aunque la temperatura en uno de los pasillos cambiaba de frío a calor en algunos de sus tramos.

Apunta que todos los artistas que allí trabajaban conocían estas historias de fantasmas, que incluso una noche de lluvia en la que se fue la luz, algunos le gastaron una broma asomando el mocho de una fregona por una de las ventanas, y que preso de la sugestión, confundió con la cabeza de una anciana y casi sale huyendo.

Pero aún hay más testimonios, como el que narra un vecino de la calle Zapaterías, que durante las obras de adaptación y remodelación del museo era habitual escuchar a los albañiles hacer comentarios sobre lo que allí ocurría, y recuerda como el jefe de obra, albañil natural de Mota del Cuervo, siempre comentaba y aseguraba haber escuchado ruidos extraños y de no saber su procedencia.

De los fenómenos del Museo de las Ciencias se siguió hablando, como lo que cuenta uno de los primeros vigilantes de seguridad que tuvo el edificio, quien también escuchó «ruidos raros» que le hacían salir a la plaza de la Merced en mitad de la noche, a respirar, a coger aliento, tras una sensación de pánico y ahogo.

El edificio Iberia

El remodelado edificio del antiguo hotel Iberia, y que actualmente funciona como centro cultural y sala de exposiciones de la Junta de Comunidades (cumplió la misma función con anterioridad cuando pertenecía a la Fundación Caja Castilla-La Mancha) es un lugar donde, incluso hasta hace muy poco, nos han llegado testimonios de la presencia de Fermín, nombre con el que han bautizado a un supuesto botones o eso es lo que apuntan, que se resiste a abandonar el lugar, se dice que allí está anclada su alma.

Pero existen otras manifestaciones en este extraño lugar, como la que narra un trabajador de una empresa externa que prefiere ocultar su identidad. Cuenta cómo los vigilantes de seguridad que trabajaban en el edificio en los años en que funcionaba como Caja Castilla-La Mancha en ocasiones escuchaban las melodías del viejo piano del hotel cuando desconectaban cada mañana las alarmas.

Este empleado también escuchó la experiencia que tuvo una de las limpiadoras . Según narra, ésta tenía la costumbre de dejar las llaves en la cerradura de las puertas de los despachos mientras los limpiaba. Un día, cuando fue a cerrar la puerta, el manojo de llaves había desaparecido. Y no se encontró hasta seis meses después en los canalones del tejado, durante los trabajos rutinarios de limpieza. ¿Una broma, una faena en el trabajo para conseguir que amonestaran a un compañero o un fenómeno anómalo? No sabemos, pero aquel episodio fue real.

Para apoyar todas estas experiencias, el trabajador aseguró haber presenciado en una ocasión, en la soledad del edificio, convencido de que solo él se encontraba trabajando, como el ascensor se puso en marcha en varias ocasiones.

Y otro compañero también apunta el haber sufrido y sentido cómo unos pasos se acercaban en su dirección en un pasillo en el que sólo estaba él a lo que apuntó: «No creo ni dejo de creer, digo lo que viví»

El santuario de las Angustias

Existen varios edificios más con varias historias extrañas como el santuario de la Virgen de las Angustias. A través de Javier Malo conocemos que antes de empezar a trabajar en el santuario, ya había escuchado que en ese lugar «pasaban cosas extrañas». Aun así aceptó el trabajo, dejando a un lado el miedo a aquellas historias y a cualquier aparición.

Le habían contado que se escuchaban ruidos, que se abrían puertas que estaban cerradas bajo llave y que por el lugar vagaban las almas de santeros anteriores, entre ellos la de la abuela Amelia. Javier señala que empezó a creer firmemente en ellas cuando él mismo pudo ver el fantasma de una niña. Según relata, se encontraba en el cuarto de calderas, lugar donde siempre hace frío, da igual en la estación en la que se esté, cuando de repente vio a una niña sentada en uno de los pilares del templo con un vestido blanco y el pelo un poco abultado.

El fenómeno de cambios bruscos de temperatura es conocido como Termogénesis. Pero en este caso no debemos darle mucha importancia, ¿en qué sótano no hace frío? Algo habitual aunque sorprende que incluso en invierno, con las calderas encendidas se sintiera esa frialdad, pero efectivamente es un factor que se da en muchos casos de apariciones que han sido documentados y hay que tenerlo en cuenta.

Pero esta experiencia no acaba aquí, pues semanas más tarde, encontró unas fotografías antiguas en el almacén del santuario, entre las que se encontraba la de una niña idéntica a la que había visto en aquel pilar a día de hoy sin poder identificar. Y es que, tras muchos intentos, asegura que siempre que han querido hacer una foto a la instantánea, «la cara de la joven aparece difuminada, lo que no pasa con el resto de los familiares». Y que algo curioso ocurrió al intentarlo, la batería de la cámara del amigo se descargó completamente al entrar en el cuarto de calderas, a pesar de haberla cargado expresamente para la ocasión.

Algo bastante típico es la descarga de baterías, según se especula, estas entidades absorben la energía, en un intento de poder manifestarse, de poder hacer visible su aparición, para que sepamos que están ahí. Aunque estando en un edificio con electricidad, da que pensar, porqué usar la batería teniendo una fuente magnífica de corriente de luz.

Pero al margen de estos detalles, la historia de la niña no es la única. Malo señalaba que «muchas de las personas que vienen a la ermita han visto a gente». Entre ellos destaca lo que le ocurrió a Mari, en una de esas visitas, afirmó ver a la santera Amelia o a un hombre mayor con bigote con problemas en un ojo, que Malo identifica como su abuelo, y que según interpretó, estaba ahí para protegerle.

Son casos independientes, espaciados en el tiempo, aunque lo sí podemos subrayar, es una actividad «sobrenatural» o anómala que se intensifica los días previos al Día de los Difuntos, que según el santero y debido a estos fenómenos consecutivos, se marchaba a dormir en esas fechas a casa de sus padres: «Aquí no se puede dormir. Todo son ruidos y puertas que se abren y se cierran»

No debemos olvidar que a pocos metros, en el convento de los Franciscanos Descalzos, lugar donde habitó el cardenal Segura, otro ente parece hacerse notar. Según cuentan testigos es habitual ver que la luz del despacho que se enciende y se apaga, cortinas que se mueven, detalles que podrían parecer cotidianos a no ser que ocurran cuando la casa está cerrada porque la familia sólo viene en verano y algunos fines de semana.

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