Ruido
La Firma de Guillermo Granja

"Ruido", la Firma de Guillermo Granja
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Palencia
Joaquín Sabina en su canción “Ruido” dice: “y con tanto ruido no se oyó el mar”. No es que tengamos que escuchar las olas del Cantábrico, pero sí que tenemos que procurar que el ruido no nos afecte a nuestra salud.
Hasta hace muy poco tiempo, el ruido no era considerado un agente contaminante. Hoy en día, sin embargo, el convivir con niveles de intensidad sonora elevados se considera tener una baja calidad de vida y somos conscientes de que el impacto acústico ambiental afecta de forma negativa, cada vez, a un mayor número de personas.
Tanto el Estado como la Comunidad Autónoma han desarrollado normativa al respecto, tratando de cumplir las directivas que emanan de Europa. El Ayuntamiento de Palencia, como no podía ser de otra manera y dentro de su ámbito competencial, ha regulado este tema en una ordenanza sobre protección del medio ambiente contra las emisiones de ruidos y vibraciones. Es la manera con la que se puede proteger a la ciudadanía de las malas acciones de individuos o empresas.
En esta legislación se establecen las zonas que se encuentran saturadas y las que no y también se regulan, entre otras cuestiones, los niveles de intensidad sonora máximos en función de los horarios. Los límites establecidos no lo son por casualidad, sino que se basan en la normativa europea, tras la realización de distintos estudios a cargo de expertos en la materia.
Teniendo en cuenta esto, me llama la atención que un hostelero de esta ciudad haya intervenido en el pleno municipal porque le han cerrado una terraza interior al haber superado en distintos momentos los límites autorizados. Más curioso aún, es que un nutrido grupo de compañeros le acompañasen en este acto. Es como si yo cometo una infracción con mi vehículo y mis amigos hacen presión para que se cambie la normativa y no me sancionen.
Son muy loables las iniciativas que el sector de la hostelería viene tomando en los últimos años. Creo que esa es la actitud, pensar en qué puedo hacer yo para mejorar mi negocio y no esperar a que me lo resuelvan los demás. Una de ellas son los conciertos al aire libre en determinadas épocas del año, que, por supuesto superan con mucho los límites establecidos, pero que el Ayuntamiento autoriza y que todos entendemos que tiene que ser así.
Ahora bien, para una actividad habitual no se puede tolerar que se superen los máximos permitidos, ya que estamos hablando de una molestia continua y, por tanto, de provocar efectos perniciosos en la salud física y mental de las personas. El tema, creo yo, se resuelve muy fácilmente, el propietario ha de proveer los instrumentos acústicos necesarios para no transgredir la ley.
Ojo, esto no sólo es para los negocios, ya que el que más o el que menos padece a algún vecino insociable que no respeta las normas más básicas de convivencia en una casa o una moto o un coche con escape libre o con un aparato de música a todo volumen o una persona graciosa que le encanta tirar petardos… Raramente se actúa en estos casos y las medidas sancionadoras no suelen suponer un gran problema para el que infringe la legislación.




