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Viernes, 06 de Diciembre de 2019

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La verdad desnuda

La grada le pide a Paco López que amarre los partidos y el entrenador asegura que las características de los futbolistas de su plantilla le impide modificar el modelo de juego

Paco López ante el Huesca /

Le pregunté a Paco López tras el empate ante el Huesca por una demanda de la grada, cuando en el minuto 55 de partido Enric Gallego se plantaba solo delante de Aitor Fernández y que tuvo que jugarse la tibia para evitar el empate del conjunto oscense.

Delante del pupitre de prensa un centenar de aficionados se levantaron de sus butacas reclamándole al técnico de Silla que cerrase el partido con (1-0) en el marcador, que hiciera algo para sujetar el resultado y que no convirtiera el encuentro en un ida y vuelta constante.

Un minuto más tarde empató el Huesca a balón parado con otro horror en la marca. Coke Andújar defendiendo una acción aérea en el segundo palo a Enric Gallego solo podía terminar en gol.

El número de demandantes del cerrojazo se incrementó notablemente en el momento en el que Morales marcaba el penalti, porque el Levante volvía a ponerse por delante en el marcador. El cansancio se hacía patente en los jugadores del centro del campo y Paco López hizo lo que pensaba que era lo mejor para su equipo, pero terminó por encender los ánimos de una parte del graderío.

El partido requería de un gladiador en la medular, de un defensa con la jerarquía suficiente para detener el tiempo, juntar las líneas y recuperar al añorado 4-4-2 . Paco miró a su banquillo y no vio a Lerma, ni a Ballesteros, ni a Juanfran, ni a David Navarro y optó por elegir al jugador que le podía acercar a la victoria marcando el tercer gol de la tranquilidad.

Jason Remeseiro volvió a pisar el césped de Orriols y el estadio se dividió entre los que aplaudían la valentía de su técnico y los que aguardaban desde hacía varias semanas ese instante para lanzar toda su ira contra el comportamiento grosero e indigno del jugador gallego que a hurtadillas ha firmado en el Valencia CF.

En medio de la algarabía empató el Huesca por segunda ocasión y Gallego perdonó el tercero. Paco López tenía en el banquillo a Mayoral, Vukcevic, Pedro López y Pepelu, pero en su cabeza solo había un cambio porque el equipo tenía que ganar como fuera.

Por el perfil de los jugadores eligió a Mayoral en detrimento del mediocentro montenegrino, sabiendo que su equipo generaría más ocasiones, pero con el riesgo de ir a un intercambio de golpes en el que incluso podría perder el encuentro.

Sinceramente, creo que en abril ya no es momento para sustituir el modelo, ni para empezar a cambiar a jugadores de posición, tampoco se puede fichar, ni el reglamento permite trasplantes de ADN para que Rober Pier se convierta en Ballesteros, Chema en David Navarro, Aitor Fernández en Munua, Bardhi en Iborra o Moses Simon en Juanlu. Cada plantilla tiene su propia naturaleza y cada entrenador tiene su fórmula para ganar en función de los futbolistas con los que cuenta.

Es cierto que hubo un Levante de otra época al que no se le hubieran escapado las victorias en Orriols ante el Éibar y el Huesca, el Villarreal no hubiera anotado dos goles en el tiempo de prolongación o en San Mamés no se hubiera producido la acción del penalti.

Todos esos partidos se hubieran acabado técnicamente a falta de un cuarto de hora, en los que la pelota no habría rodado más de dos segundos, que es justo lo contario que sucede ahora, porque es en los últimos 15 minutos donde pasa de todo y con un desenlace fatal para los intereses granotas.

Yo, creo en Paco López y sigo pensando que el mejor camino para ganar los partidos es el que está empleando, porque el equipo genera suficientes ocasiones de gol para ganar cómodamente. Este Levante es el sexto máximo realizador de La Liga, ha marcado un gol menos que el Atlético de Madrid, supera en este registro a la mayoría de los aspirantes a entrar en Europa y el problema lo tiene detrás porque es el que más goles ha encajado de los 20 clubes de Primera.

La dirección deportiva encabezada por Tito es responsable de lo que le está pasando al Levante, porque sigue sin firmar a un central de jerarquía y ha tenido que recurrir a la cesión de un buen futbolista del Valencia como Vezo para completar su plantilla en invierno, pero fundamentalmente porque en los dos últimos mercados no corrigió una gravísima carencia que tiene en la medular tras la venta de Jefferson Lerma y la imposibilidad de recuperar a Sasa Lukic. En el mes de enero, la decisión que se adoptó es que llegaba Sasa Lukic o no se firmaba a nadie para esa demarcación. Y no llego nadie.

Con este panorama, solo hay que confiar que las mismas señas de identidad que  hicieron posible que Paco López revirtiera hace exactamente un año una situación dramática, son las mismas con las que logrará la permanencia esta temporada. Con Muñiz, después de 15 jornadas consecutivas sin ganar, al Levante le generaban muy pocas ocasiones de gol, pero rematar dos veces entre palos era toda una oda al fútbol ofensivo.

Nos equivocaremos, si ahora nos entran las dudas sobre el sistema, sobre los jugadores más necesarios para el equipo, queremos parecernos en el estilo a aquel Levante europeo y que está en las antípodas genéticas de la actual plantilla.

Otra cosa bien distinta es que Paco López le transmita al equipo mensajes para que en determinados momentos sea mucho más práctico que vistoso, evite pérdidas absurdas de balón en zonas de riesgo y que terminan acelerando el ritmo de los partidos que domina en el marcador.

También, es imprescindible que se corrijan los desajustes en las marcas donde Coke Andújar siempre queda retratado con un remate a su espalda y que generalmente termina en gol. Esto sí que se puede y se debe entrenar, el resto es una cuestión de elegir a las personas adecuadas en el diseño del Levante del futuro y que cada día que pasa reafirma los errores imperdonables de planficación. Tabla rasa.

 

 

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